Temas del día:

Partidos o movilizaciones

La democracia italiana no consigue el saneamiento moral que sí conquistan movilizaciones autoconvocadas por las redes sociales y sin la mediación de los partidos, como sucedió en Túnez y Egipto. Juan F. Marguch.

14 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Juan F. Marguch (Periodista).
Partidos o movilizaciones

En uno de sus llameantes artículos políticos, Vladimir Lenin escribió: "La política empieza donde están las masas, no donde hay miles sino donde hay millones; ahí es donde empieza la política seria". Según su teoría, esas masas debían tener como vanguardia a un partido de políticos profesionales. Una variante del principio enunciado por el francés Louis Auguste Blanqui (1805-1881), que el dictador ruso plagió y transformó ese apellido en un robusto insulto, homologado para las ardientes polémicas de la progresía, del mismo modo que plagió de John Atkinsons Hobson (1858/1940) el concepto de imperialismo como fase superior de la explotación del capitalismo en fase de expansión, que el inglés acuñó en 1902 y Lenin usó como propio en 1916. Partidos y redes sociales. Los acontecimientos que se viven en estos días en las regiones asomadas al Mediterráneo dan parcialmente la razón a Lenin, en cuanto al poder de las movilizaciones de masas como expresión política. Las diferencias que se están produciendo en el norte de África es que ningún partido funciona como vanguardia popular. Los partidos son reemplazados por las redes sociales, que demuestran poseer un poder de convocatoria infinitamente superior al que alguna vez tuvieron las agrupaciones partidarias. Y con dos fenómenos tanto o más trascendentes: por primera vez en la historia del mundo musulmán, la mujer tiene una participación activa y decisiva en las movilizaciones, y 68 por ciento de los manifestantes son jóvenes menores de 30 años.Ya se cargaron al dictador de Túnez, Zine el Abidine Ben Ali, y al dictador de Egipto, Hosni Mubarak, cuyos sueños de eternización en el poder y construcción de una dinastía –ya preparaba como sucesor a su hijo Gamal– quedaron destruidos en jornadas de violencia y luto. Las movilizaciones populares no necesitaron de vanguardias profesionales para producir decisivos cambios políticos. Acertaba Lenin en ese sentido. Viene ahora la fase superior, en la cual los partidos, despertados de su sopor o retornados a sus países luego de dilatados exilios, deberán asumir la conducción, pero sin olvidar el poder callejero que les abrió el camino hacia formas más o menos maduras de democracia. Partidocracia. Puede darse en esto un hecho paradójico. Un antiguo principio de la ciencia política proclama que no puede existir democracia sin partidos políticos. Pero la partidocracia puede transformarse en el peor enemigo del sistema democrático. Tomemos el caso de Italia, que desde hace meses vive estremecida por los clamorosos actos de corrupción que protagoniza Silvio Berlusconi. El mayor estupor se produjo cuando se descubrió que una de sus velinas (palabra derivada de vitella , ternera), era menor de edad. Berlusconi la había presentado a los italianos como sobrina de Mubarak, quien no tiene parentesco alguno con ella. El primer ministro es juzgado ahora también por prostitución infantil, el único caso de prostitución en el que la Justicia italiana castiga al cliente."Il Berlusca" intentó su propio blindaje: hizo sancionar en febrero de 2010 la llamada ley del legítimo impedimento, una norma transitoria y retroactiva que lo salvaría de los procesos en que sigue imputado, siempre que, en los siguientes 18 meses, lograse la aprobación de una ley de inmunidad.El 14 de enero último, el Tribunal Constitucional de Italia declaró inconstitucional la pretensión de que la presidencia del gobierno pueda decidir de forma unilateral que el primer ministro no asista a sus juicios por períodos de seis meses continuados y renovables. Esas normas, que fueron declaradas ilegítimas, porque se consideraban dictadas para su exclusivo beneficio, le han permitido, de todos modos, ganar tiempo y avanzar hacia las prescripciones de las causas que aún tiene abiertas.Mediante sucesivas leyes "salvapremier", sancionadas por un Parlamento tan obsecuente como si fuese argentino, Berlusconi –corrupto como el peor de los emperadores de la decadencia romana– ya se salvó de numerosos delitos de corrupción y concusión que debieran haberlo arrojado a la cárcel. Pero aún debe rendir cuentas de escándalos que podrían reabrirse. Caso Mills: se lo acusa de haber corrompido al abogado David Mills para que mintiese en un juicio y le salvase sus intereses y de la prisión; el Supremo lo declaró prescrito. Caso Mediaset: fraude fiscal en la compraventa de derechos televisivos por el holding mediático del primer ministro. Caso Mediatrade: evasión del pago de ocho millones de euros de impuestos y de apropiación indebida de 24 millones de euros: el delito involucra también a su hijo. Los magistrados que instruyeron esos tres casos fueron cambiados de puesto, y los procesos podrían recomenzar de cero, así que prescribirán antes de tener sentencia definitiva. Lo paradojal de todo esto es que un sistema democrático, con partidos e instituciones representativas de la voluntad popular legalmente constituidos, no consigue el saneamiento moral que sí conquistan las movilizaciones de masas autoconvocadas por las redes sociales y sin la mediación de los partidos.