No todo está perdido
Creo que los seres humanos tenemos que hacernos cargo de la irresponsabilidad que a veces cometemos en relación con nuestros actos.
En los tiempos en que vivimos, es común que tengamos muchas veces que pasar por una serie de circunstancias que suelen ser bastante desagradables, situaciones que, por sus características, producen cierto estado de tristeza y desaliento, lo cual ocasiona un desánimo que no es fácil de superar. En estos días, tuvimos la oportunidad de escuchar comentarios de personas que fueron afectadas por las inundaciones ocurridas en diferentes lugares de nuestro país.Es doloroso ver cómo de la noche a la mañana familias enteras se quedaron sin techo y sin pertenencias, ante el avance impetuoso de las aguas.Escuché a alguien culpar a la naturaleza por lo ocurrido. Como si del mismo cielo Dios se hubiera encargado de enviar a esta tierra una lluvia interminable que, en vez de ser favorable, acabó por arruinarlo todo. La lluvia que Dios manda siempre es de bendición.Creo que los seres humanos tenemos que hacernos cargo de la irresponsabilidad que a veces cometemos en relación con nuestros actos. Los ríos no se desbordan por culpa de una lluvia abundante.Cuando el hombre no actúa –o hace mal las cosas en vez de hacerlas bien–, los resultados están a la vista. Lamentablemente, las consecuencias de estos errores cometidos son muy negativas.Se produce en el ser un abatimiento y un pesimismo que no sólo lo afecta en lo personal, sino también en la relación con sus semejantes. Aparecen frustraciones y amarguras que se transforman en resentimientos y en rencor. Necesitamos, ahora más que nunca, levantar los ojos al cielo y pedir a nuestro Dios que intervenga con su misericordia para cubrir con su amor a nuestro país. No debemos permitir que se formen esas raíces de amargura que son tan perjudiciales para el ser humano. La Biblia (Hebreos: 13, 14 y 15) dice: "Busquen la paz con todos. Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos".Es fundamental que no haya enfrentamientos entre hermanos. Que no persistan sentimientos de disgusto o enojo hacia alguien por considerarlo causante de cierta ofensa o daño sufrido mediante palabras o actos hostiles.Oramos a Dios para que Argentina encuentre la paz y la concordia que necesita, que haya hombres y mujeres que puedan entregar sus corazones a Él para que los pueda transformar, y experimenten así un verdadero cambio. Para que las autoridades gobiernen con rectitud, no en defensa de intereses personales sino en función de los demás, y para que haya un verdadero engrandecimiento de nuestro país. Oramos para tener una juventud que trabaje, estudie y viva en relación con los valores morales que dignifican al ser humano.Esperamos que haya enormes cambios en nuestra sociedad. Creo que, en la medida en que el hombre permita que Dios intervenga en su vida, veremos transformaciones que no son una utopía sino que serán una realidad. Creo en un Dios que hace milagros. Te invito a que me acompañes en mi creencia y así vos y yo veremos una Argentina transformada de verdad. Que así sea.
*Pastor evangélico, miembro del Comipaz

