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No son héroes: son seres humanos

Nunca más debemos permitir el abandono del sistema sanitario y de todas las personas que trabajan en él.

07 de abril de 2020 a las 12:08 a. m.
Juan Pablo Villarroel*
No son héroes: son seres humanos
Imagen ilustrativa. (Gobierno de Córdoba)

La pandemia generalizó en la sociedad un concepto que engrandece la labor invaluable que realizan los profesionales de la salud, pero encubre a su vez los problemas básicos con los que conviven en el centro de sus trincheras.

Si la Argentina tuvo héroes o no dependerá de la perspectiva con la que cada individuo analice los acontecimientos históricos y su contexto. Pero hay algo sobre lo que sí existe un consenso generalizado pocas veces visto: este apoyo colectivo al esfuerzo de un conjunto de hombres y mujeres que dejan todo para salvar mucho más que una vida.

Sin embargo, jamás el acto heroico debe ser el argumento que utilicen los gobiernos para postergar la protección sobre quienes ponen su cuerpo, su salud y su vida para frenar una pandemia de dimensiones desconocidas.

Médicos, enfermeras, camilleros, cuerpos de seguridad y todas las fuerzas vivas que trabajan juntas en esta crisis realizaron un juramento nacido de la vocación inclaudicable al servicio del otro. Es su vocación y su elección: darlo todo por los demás.

Es cierto: en el primer aplauso masivo desde los balcones, muchos de ellos fueron abordados por la emoción. Nunca antes vivieron semejante reconocimiento por su trabajo. Pero falta algo esencial: un Estado que abandone su ausencia y deje de taparse los oídos frente al reclamo que los profesionales de la sanidad realizan a diario.

Si el aplauso caracterizó el gesto solidario de la ciudadanía para apoyarlos, entonces será el Estado quien deba demostrar ahora su esfuerzo por aportar mucho más que algunos bonos monetarios e inversiones tardías. Hoy, más que nunca, es el Gobierno el que tiene el deber de poner a disposición todos los recursos para garantizar los derechos de aquellos hombres y mujeres que dan su vida en la primera línea de batalla.

Si hay algo que agradecen, es ese mar de aplausos que resuena cada día a las 9 de la noche. Si hay algo con lo que sueñan, es que su voz sea escuchada.

Su petición no es compleja: sólo piden que al finalizar esta guerra sorpresiva sean recibidos en un contexto laboral donde se cumpla con la obligación de reconocer la responsabilidad y el esfuerzo con el que enfrentaron y enfrentan cada desafío.

Sólo exigen buenos salarios, hospitales equipados y con insumos, camas suficientes para hacer frente a una crisis y derechos laborales que les den la garantía y la seguridad para hacer su trabajo como corresponde.

Argentina ya tiene sus víctimas. Víctimas que desaparecen entre el olvido y la irresponsabilidad de un Estado que no resignifica el valor del heroísmo. El mejor reconocimiento que un gobierno puede darles a sus soldados de hoy es escucharlos, asegurarles condiciones óptimas de salubridad y protegerlos ante cualquier contingencia que ponga en riesgo su vida.

Es cierto, los profesionales de la salud no quieren ser llamados héroes. Colocarlos en esa situación es aislarlos de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran. Ellos, tan humanos como nosotros, sólo quieren volver a su casa y darles un beso a sus hijos.

Por eso es imprescindible que recordemos, para no olvidar que nunca más debemos permitir el abandono del sistema sanitario y de todas las personas que trabajan en él.

Es necesario que repitamos hasta el cansancio el reconocimiento a su trabajo revalorizando su función social. Pero más imprescindible es que orientemos nuestro apoyo a la necesidad de reelaborar un sistema burocrático que desprotegió durante años a más de 45 millones de argentinos.

Cada muerte tiene un responsable: un sistema político que no supo planificar con certeza el cuidado de los que con convicción arriesgan sus vidas para entregar todo por los demás.

*Periodista