Memoria para todos
Erigir un altar virtual de la memoria, excluyendo a luchadores que hoy no apoyan al Gobierno, implica adulterar la memoria. Claudio Fantini.
El primer paso fue un traspié; el tropiezo de la dictadura en Malvinas. Admitirlo duele hasta el espanto, pero está claro que de haber alcanzado en aquella guerra un resultado presentable, en lugar de una abrumadora derrota, el régimen genocida hubiera podido mantenerse varios años más. Hasta entonces, sólo el inmenso coraje de las Madres de Plaza Mayo y la actividad de algunas entidades, como la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), denunciaban el accionar de la maquinaria de exterminio.Al segundo paso lo dio el gobierno de Raúl Alfonsín, impulsando el histórico juicio a las juntas militares y la publicación del informe Nunca más . Ninguna democracia se había atrevido a tanto, pero a renglón seguido se dio un paso atrás, cuando ese mismo gobierno dictó las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.Aunque no lo haya hecho por complicidad sino por temor a trágicas consecuencias, se trató de leyes de impunidad que beneficiaban a torturadores y asesinos de la peor calaña.Carlos Menem había dado otro paso al lograr que, por primera vez, los militares aplastaran una rebelión carapintada. Superando complicidades como la que simbolizó en forma patética el general Ernesto Alais saboteando las órdenes de un gobierno legítimo, reprimió con éxito la sublevación de Mohamed Alí Seineldín.Pero la marcha atrás que emprendió Menem a continuación fue mucho más importante y neutralizó con su efecto negativo el logro de haber puesto fin a la era de los cuartelazos. El indulto a los responsables y a los ejecutores de la más brutal operación de aniquilamiento perpetrada en el país tuvo el agravante de no haber sido necesario para conjurar algún riesgoAl siguiente paso lo dio Néstor Kirchner al derogar indultos y las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y reabrir los juicios por crímenes de lesa humanidad.Fue un avance trascendente. Juicio y castigo alcanzaron por fin a quienes ordenaron y perpetraron secuestros, torturas y ejecuciones en escalas industriales, añadiendo las desapariciones que extendieron en forma indefinida el tormento a los familiares de las víctimas. Marchas y contramarchas. El histórico avance que se dio bajo el gobierno de Alfonsín tuvo un paso atrás que debilitó su efecto. El paso adelante que dio Menem fue insignificante en comparación con el injustificado retroceso que implicaron los indultos. Al avance posterior, impulsado por Kirchner con vigorosa decisión, lo acompañó otro progreso en materia de conciencia colectiva: el declive del razonamiento según el cual reabrir aquellos juicios implicaba "mirar al pasado" y dar la espalda "al futuro".Todo juicio implica una mirada al pasado. ¿De qué otra manera se puede juzgar, que no sea intentando esclarecer acontecimientos ya ocurridos? ¿Por qué nos pondría de cara al futuro dejar impune atrocidades?Ahora bien: ¿fue éste un progreso lineal y sin retrocesos? No. El inmenso mérito del kirchnerismo muestra dos opacidades. Una es haber dejado en pie el indulto de Menem a crímenes cometidos antes del golpe de 1976. Al fin de cuentas, que la "teoría de los dos demonios" constituya una falacia no justifica que muchos asesinatos hayan quedado impunes.En efecto, los crímenes de la dictadura y los de las organizaciones armadas son totalmente asimétricos. El régimen militar criminalizó el Estado y actuó en gran escala con crueldad y alevosía. Semejante aberración no puede compararse con los crímenes que la precedieron. Pero eso no implica que esté bien dejar impune una importante cantidad de asesinatos.Implica, además, otra distorsión inaceptable: la equiparación del accionar de todos los grupos armados. Una cosa es hacer guerrilla en selvas y montañas y otra muy distinta es pegar balazos por la espalda o producir con una bomba una devastación indiscriminada. Incluso es diferente atacar cuarteles militares que disparar desde escondrijos contra personas desarmadas.La organización vasca Euskadi Ta Askatasuna (ETA) nunca fue una guerrilla, sino un grupo terrorista que cometía asesinatos. Y muchos de los crímenes perpetrados en la antesala del golpe fueron eso: asesinatos tipo ETA.¿Qué tiene de justa la impunidad para esos asesinatos? ¿Por qué des-criminalizar lo que también fueron crímenes? Apropiación ilegítima. El progreso que aportó el kirchnerismo habría sido completo de haber terminado con la impunidad de todos los asesinatos, incluidos los que no son comparables a los que cometió la dictadura genocida. Sobró decisión y osadía, pero faltó grandeza histórica para completar el avance en la lucha contra la impunidad. No es la única sombra en el escenario del esclarecimiento de aquel tiempo atroz. La otra opacidad tiene que ver con cierta apropiación partidaria de lo alcanzado.El "caso Schoklender" prueba el carácter contaminante del dinero oficial fluyendo para actividades que pueden sumar poder a las entidades beneficiadas, pero que las desnaturaliza y corrompe.Tampoco suma en la construcción de una cultura de los derechos humanos el discurso por el que un liderazgo se apropia del concepto y de las luchas que muchos dieron para que rija su significado.Erigir un altar virtual de la memoria, excluyendo a luchadores que hoy no apoyan al Gobierno, implica adulterar la memoria, poniéndola exclusivamente al servicio de un proyecto de poder. La memoria es de todos. Honrarla implica no usarla en el marketing político.

