Medidas preventivas
El crecimiento expansivo del uso de celulares inteligentes trajo beneficios innegables, aunque de modo paralelo no dejan de surgir nuevas “enfermedades tecnológicas” asociadas al abuso.
La imagen podría ser en cualquier ciudad del mundo: mareas de peatones mirando hacia abajo, concentrados en sus teléfonos celulares. Sin interrupciones, sin límites ni conciencia del mundo que los rodea, aun para evitar accidentes.
El “ensimismamiento tecnológico”, condición observada en quienes no pueden abandonar el teléfono cualquiera sea su entorno o actividad, muestra que se ha cruzado la frontera de la adicción.
La ciudad alemana de Colonia fue pionera en instalar semáforos en el suelo para cruces de tranvía. La iniciativa respondía a los cada vez más frecuentes accidentes protagonizados por transeúntes absortos en las pantallas. Se colocaron franjas de luces led (rojas y verdes) en los bordes de las veredas, como alarmas para que los adictos se detuvieran o cruzaran sin necesidad de levantar la vista.
Otras localidades se fueron sumando en el mundo. En Argentina, Rosario acaba de inaugurar el sistema en sitios de alta congestión de tránsito.
Esta insólita respuesta administrativa de semaforizar el piso para que no se interrumpa el chat , lejos de alertar a los peatones en el cuidado personal naturaliza la adicción masiva.
Es verdad: algunos accidentes podrán prevenirse, pero ¿no sería más adecuado que los transeúntes interrumpan por un instante su hábito obsesivo y eviten posibles choques en la vía pública?
La lógica de tal procedimiento roza con lo ridículo, y tienta a imaginar otras medidas preventivas, tan absurdas como la anterior.
Por ejemplo, en lugar de controlar la desazón que representa la nomofobia –miedo patológico a salir sin celular o perder conectividad– podrían usarse masivamente drogas ansiolíticas. Consumidas todos los días, también reducirían los niveles de estrés causados por sonidos de llamadas, alertas, mensajes y vibraciones constantes.
Otra propuesta bizarra sería el uso precoz de prótesis articuladas en las manos para evitar el “síndrome del túnel carpiano”, enfermedad que sufren los adictos al chat, y que origina fuertes dolores en pulgares, hormigueo, entumecimiento o debilidad en las manos.
Los trastornos del sueño debidos a la sobreestimulación lumínica hasta altas horas de la noche podrían mejorar con el consumo de drogas somníferas. Claro, quedaría el problema de la modorra matinal, tanto escolar como laboral.
La fatiga visual generada por consultar la pantalla un promedio de 150 veces al día se podría combatir con el uso de anteojos especiales, o la instilación de gotas antiinflamatorias.
Asimismo, una dosis diaria de antibióticos reduciría las infecciones causadas por manipular el celular; artefacto que, además de permanecer 24 horas al día en manos de sus dueños, contacta con superficies muy contaminadas. (¿O los adictos higienizan su celular diariamente?).
Otra medida sería incluir como integrante permanente de cada familia a un especialista en salud mental, para afrontar fallos en el rendimiento escolar, pérdida de memoria, depresión, aislamiento social y falta de interés por actividades no electrónicas.
En ese contexto, se haría obligatorio el uso de metilfenidato –anfetamina utilizada para mejorar la atención– a partir del momento en que los chicos reciben su primer smartphone.
Los nuevos teléfonos podrían incluir aplicaciones que fomenten el rechazo por la alimentación. Por un lado, se dispondría de más tiempo para navegar, y por otro, se combatiría la epidemia de obesidad infantil que amenaza a los tecnoadictos.
Por último –y limitando esta lista de medidas a lo científicamente comprobado–, los usuarios de celulares deberían portar un sensor que mida radiaciones, para constatar cuándo se alcanzan valores riesgosos de desarrollar enfermedades degenerativas como el cáncer.
El uso de semáforos en el piso es sólo el comienzo. Con seguridad, en poco tiempo veremos otras iniciativas que faciliten consolidar la adicción, y que los chicos sigan frente a sus dispositivos sin molestas interrupciones.
* Médico

