Los ecos del pasado
La intención de voto de la Presidenta va del 27%, según una encuesta no oficialista, al 33%, según consultora contratada por el Gobierno. Carlos Sacchetto.
Le guste o no a la oposición, ese apasionado maridaje que existe, desde su nacimiento, entre el peronismo y el poder lo hace dueño casi exclusivo de la dinámica política del país. Por eso, a ocho meses de la elección presidencial, el resultado de lo que está ocurriendo estos días en la base de sustentación del gobierno kirchnerista será la clave anticipatoria de lo que vendrá. En esa plataforma, conviven sectores ideológicamente antagónicos, como los sindicalistas de la CGT, los caciques territoriales del peronismo ortodoxo y los jóvenes de izquierda de la agrupación La Cámpora. ¿No fueron estos mismos sectores los que protagonizaron la sangrienta interna de los años '70? "Sí, pero la realidad del país era otra", coinciden desde cada vertiente con la habilidad de no decir nada. Sin embargo, todos los caminos llevan a generar las mismas condiciones de entonces. Veamos: Temores y presiones. El episodio de la detención del dirigente Gerónimo Venegas por la causa judicial de los medicamentos, alentada desde el propio Gobierno, operó como un límite para los dirigentes que conforman la CGT. A tal punto que le plantearon a Hugo Moyano que si no salía un documento de repudio de la entidad, cada organización gremial publicaría solicitadas condenatorias. Y también le dijeron que le hiciera saber a la Presidenta que no están dispuestos a seguir soportando el avance de "los zurdos". Cuentan en la Casa Rosada que cuando Cristina Fernández conoció el texto del comunicado de la CGT, y la "advertencia" de los dirigentes, montó en cólera. "Es la burocracia sindical de siempre", habría dicho junto a otras expresiones más duras, similares a las que se utilizaban en la década de 1970. Por más que todos desean la unidad y que la sangre no llegue al río, es inocultable la densidad del clima que se vive. Y curiosamente, le toca a Moyano ser el encargado de apaciguar los ánimos de ambas partes. El otro factor interno que avanza en su diferenciación es el conformado por los llamados "caciques territoriales". Allí se ubican algunos gobernadores, intendentes, dirigentes locales y punteros. En el caso de la provincia de Buenos Aires y algunos otros puntos del país, están en pie de guerra. Ven amenazado el poder que les costó mucho conseguir y no quieren que la eventual candidatura de Cristina habilite a los sectores d e izquierda a llevarla en sus boletas, sometiéndolos a ellos a una inesperada confrontación electoral en sus distritos. Pero al margen de lo que puede pasar en las urnas, estos caciques también tienen planteos ideológicos que formular. Adhieren a lo que llaman "el modelo nacional", comparten la necesidad de actualizar el peronismo e incorporar sangre joven, pero desconfían –por el recuerdo de otras épocas– del avance de un discurso y de una metodología que no reconocen como peronista.No parece ser ésta una preocupación de la Presidenta. Por el contrario, sigue otorgándole espacios estratégicos de poder a los jóvenes de La Cámpora, que reproducen un esquema de organización similar a la de la JP Regionales de hace 40 años. Hasta sus consignas son las mismas. El jueves pasado, en la inauguración del Estadio Único de La Plata, una gran bandera de esa agrupación revivía el clásico estandarte "Liberación o dependencia". Cambiar la realidad. En los últimos tiempos, se ha incorporado a empresas estatales y a segundas líneas del Gobierno alrededor de medio centenar de jóvenes militantes de la agrupación creada por Máximo Kirchner, el hijo de la Presidenta. Las principales áreas de influencia son la Anses, Desarrollo Social, Aerolíneas Argentinas y la red de medios oficialistas, encabezada por Canal 7. Fuentes de la Casa Rosada aseguran que Cristina está encantada con ellos porque "le dan vitalidad al Gobierno, y saben lo que quieren".Esta movida, que va creciendo en cantidad y en reclamo de mayores espacios, les quita el sueño a muchos de los peronistas que comparten la administración del Estado nacional. Con este antecedente, imaginan que a la hora de conformar las listas electorales la Presidenta bajará la orden de dar cabida a la militancia joven. Y allí, el choque de intereses será inevitable.También sectores cercanos al Gobierno agregan otra preocupación a las ya mencionadas. Es la marcha de la gestión, a la que ven marcada por las improvisaciones. La inseguridad y la inflación sensibilizan la piel de la sociedad, y los efectos de la profusa propaganda oficial no logran revertir la reacción. Producir hechos para disimular o tapar la realidad, por lo repetido del método, también es cada vez menos creíble. En ese contexto, la intención de voto de la Presidenta va del 27 por ciento de una encuesta no oficialista al 33 por ciento de una consultora contratada por el Gobierno. Con esos números, ganar en primera vuelta está muy lejos. Pero el kirchnerismo está en marcha y la oposición todavía sigue de vacaciones.

