Temas del día:

Llegaron los exámenes

Es raro que el estudiante se prepare con un método sostenido. El boliche y otras juergas hacen que más se estudie cuando más cerca está la fecha. Arnaldo Pérez Wat.

05 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Arnaldo Pérez Wat (Periodista)
Llegaron los exámenes

El profesor Immanuel Kant, al final de un examen, le dice al alumno que, según lo expuesto, tiene pocas chances de aprobar. El estudiante, desesperado, se agarra de la filosofía del propio Kant, explicándole que la clemencia está implícita en uno de los postulados del imperativo categórico (kantiano). "Buenísimo –rebate el filósofo–, pero te advierto que el imperativo deja de ser categórico cuando lo empleas para tu comodidad". Es que los exámenes existen desde tiempo inmemorial, porque un hombre no puede penetrar en el cerebro de otro para medir lo que sabe. Dicha evaluación todavía constituye un mal trago para los responsables.Es raro hoy que el estudiante se prepare con un método sostenido. El boliche y otras juergas hacen que más se estudie cuanto más cerca está la fecha. La energía mental se concentra en los últimos dos o tres días. Se da el caso de aquel payaso que hace bailar 10 ó 12 platos sobre una mesa. Cuando el primero va desfalleciendo, corre a la punta de la mesa y vuelve a reponer el giro hasta llegar al último, y todos aplauden. Así ocurre con la mente del alumno no lancero. El último día danzan 12 "bolillas" y debe retocarlas permanentemente. Pero allí surgen nuevas relaciones y muchos conocimientos se amplían.Piensa que con un día más todo quedaría consolidado. Clama por un día más que no existe. Pero excepcionalmente viene una postergación de una semana. Afloja la tensión. A festejar al boliche. Los platos dejan de danzar. A los días habrá que darles un nuevo impulso y llegará la fecha de la evaluación en la misma situación: otra vez falta un día.Por fortuna, ya casi no existen docentes que vierten sus traumas en la mesa examinadora, inspirando miedo al estudiante y confundiéndolo con preguntas capciosas. Con esa mentalidad, se han malogrado espíritus capaces. Sin embargo, existen quienes opinan que con esa peculiar (¿sádica?) metodología, el profesional o el científico argentino estaba a la vanguardia en sudamérica; y que ahora nuestras universidades figuran en el puesto 60 ó 70 en la jerarquía del continente.Obviamente que el panorama se presenta hoy negativo. Ya no se queman las pestañas los jóvenes en vísperas de exámenes.Sin embargo, no se puede retroceder. El descenso en la educación –y, en este caso, en la enseñanza– viene desde hace tres décadas y la falencia se acusa en el campo docente y en el alumnado.Precisamente, el imperativo categórico en la Crítica de la razón práctica de Kant reza: "Obra de tal modo que tu máxima pueda valer siempre al mismo tiempo como una legislación universal". Con la generalidad de ese principio será posible detener la decadencia de la docencia: desterrando el vacío orgullo del que debe evaluar, quien tiene la obligación de ser lo menos imperfecto posible buscando el ideal de justicia en la función. Y, por parte del estudiante, retomando el sendero de la responsabilidad y de la sinceridad consigo mismo.No obstante, cerrar el presente comentario así, equivale a dejar en el tintero lo más importante y específico: ¿cómo deben ser las pruebas de evaluación final? Ya no se puede volver a aquel método castrador. Pero no faltan quienes comentan que los exámenes son actualmente "una joda".De ser así, ¿de dónde van salir los cirujanos para realizar un trasplante? ¿De dónde el juez competente? ¿Cómo hacemos para contar con expertos en economía que vislumbren medidas económicas pertinentes y que no representen, como hasta ahora, el papel de meros financistas concentrados casi exclusivamente en el dólar paralelo o en la prestidigitación del Indec? Intentaremos responder en breve.