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Leyes electorales y el rugido de los leones

El problema es que con sólo el punto de vista de la “voluntad”, no es posible distinguir si el poder está en una mano o en muchas manos. Alejandro Groppo.

17 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Alejandro Groppo*
Leyes electorales y el rugido de los leones

Cuando José Manuel de la Sota como titular del Partido Justicialista de Córdoba apoyó la presentación a favor de la re-reelección de Carlos Menem, lo hizo con una frase que quedará en los anales de la política: "Vamos por la re-reelección, y que rujan los leones". Cuando el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, avanza por una segunda re-reelección y planifica un laberinto legal de otro planeta para lograrla y afirma que "cuando el pueblo decide, se acaban las discusiones", y cuando en estos días algunos dirigentes bonaerenses justifican la necesidad de las "colectoras electorales" (iguales a las felizmente extintas "sumatorias" aplicadas en Córdoba hasta el 2007) y sostienen que "nada se puede oponer a que el pueblo se exprese"; muestran una matriz ideológica común: la ley es un obstáculo para la libre expresión de la voluntad, y eso es malo. ¿La voluntad de quién? El problema es que con sólo el punto de vista de la "voluntad", no es posible distinguir si el poder está en una mano (monarquía: voluntad de uno) o en muchas manos (democracia: voluntad de todos). En los casos mencionados, es la "voluntad" de un dirigente o de una facción la que abre la posibilidad de que la "voluntad popular" se exprese, y si es a favor de ese dirigente o facción, tanto mejor. Lo que desconocen los actores políticos precedentes es que son siempre los arreglos institucionales (la ley) los que permiten distinguir y marcar una diferencia entre el poder concentrado (monarquía) y el poder disperso (democracia). Leones y colectoras. La discusión sobre las "colectoras" en la provincia de Buenos Aires y la falta de reglamentación de las leyes de reforma política en Córdoba (números 9.571 y 9.572) y en la Nación (ley 26.571) muestran que por las hendijas de la ley que deja abierta la voluntad estratégica del político, se cuelan la contingencia y la posibilidad de arbitrariedades. Los actores, que por definición deberían estar por debajo de la ley, se ponen a la par. Se abre así un proceso constituyente perpetuo en cuestiones electorales que, con un sistema de partidos despedazado y con actores que juegan a todo o nada en cada elección, pone a la sociedad al borde de la manipulación. Simplemente porque hace creer, erróneamente, que el carnaval electoral transforma a las sociedades, que la fiesta electoral innova. Hay que hacer pasar la energía transformadora de la "voluntad" por otras arenas sociales que la electoral. La simulación de pluralidad en elecciones suele ser correlativa a gestión conservadora. El espíritu de la Ley de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad, número 26.571, es incentivar las alianzas y frentes electorales a través del fortalecimiento de los partidos, entre otras cosas. Las colectoras hacen lo contrario: aumentan la personalización y fragmentan los partidos, dificultan la gobernabilidad del que gana y son un arma letal para los que sueñan con que las propuestas electorales sean programáticas y coherentes. ¿Por qué Daniel Scioli y Martín Sabbatella, en vez de contribuir a despedazar aún más el sistema electoral, no se disponen a estructurar un acuerdo entre ambos (frente electoral en una sola fórmula de gobernador y vice) que los controle políticamente e imponga límites mutuos, y les dé previsibilidad y transparencia a sus electores? ¿Acaso no ven que las diferencias entre ambos, frente a su común adherencia al proyecto nacional, son irrelevantes? ¿Qué sucedería si a la opción racional de los que gritan por colectoras se le suma el contragolpe igualmente racional de Scioli de desdoblar las elecciones en la provincia de Buenos Aires, lo que neutraliza la aplicación de colectoras y, en consecuencia, el efecto arrastre buscado con ellas? Y otra vez gira la ruleta rusa. Sería muy bueno que la corporación política se autodiscipline electoralmente, ponga en caja a la "voluntad", piense en el mejor bien posible para el común y ahí sí… que rujan los leones.

*Docente universitario; investigador del Conicet