Las transformaciones en la Argentina
Los progresos científicos transformarán la estructura política sin necesidad del consenso democrático.
En el libro La sociedad de coste marginal cero, Jeremy Rifkin, destacado sociólogo y economista estadounidense, anticipa algunas consecuencias sociales y culturales que cambiarán el mundo en los próximos años. La lectura de este texto habilitó las reflexiones que aquí comparto.
Si analizamos la realidad institucional en la Argentina y la cultura vigente sobre la jerarquía de los valores establecidos en nuestra sociedad, podemos coincidir y aceptar la existencia de un elevado grado de deterioro.
Claro, el tema apunta a definir qué es lo bueno, y ello es muy discutible. Sin embargo, se pueden fijar posiciones a partir de situaciones conflictivas verificables.
Señalaré aquellos aspectos que aparecen como más irritantes y retrógrados, frente a un cuerpo social que pretende superarse.
Absurdos institucionales
Entre las manifestaciones que despiertan mayores controversias y sentimientos de injusticia, se destacan: el manejo deshonesto de la mayoría de las obras sociales por parte de los sindicatos; la perpetuidad en el poder de los dirigentes gremiales; el monopolio en la generación y distribución de la energía; las fallas en los controles sociales de las instituciones políticas, jurídicas y educativas.
También hay que mencionar el atraso de los medios de transporte frente al resto del mundo, la inseguridad vial, las graves desproporciones en el régimen jubilatorio, las distorsiones en la asignación de subsidios y la informalidad en amplios sectores de trabajadores.
Podemos coincidir en que el estado de cosas puntualizado en los párrafos anteriores resulta imposible de modificar dentro de las reglas de la democracia. Requiere un alto grado de concientización cívica y consenso mayoritario de un pueblo que vivió toda su vida dentro de la lógica del populismo facilista y muy vertical. Ni pensar en una salida violenta.
En las sociedades capitalistas, el Estado, los monopolios económicos, las organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil son los protagonistas.
El mundo está ordenado por ciertos principios económicos, como el de la escasez de bienes y servicios, el uso de energía no renovable constituida por combustibles fósiles y la energía nuclear, los derechos de patente y, en Occidente, por el fuerte respaldo jurídico filosófico a la propiedad privada.
Ahora bien, con los avances de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), la inteligencia artificial, las impresoras 3D, la internet de las cosas, la energía verde (eólica, solar e hidroeléctrica) y la concientización ambientalista, se va consolidando un nuevo paradigma social y cultural con relaciones de poder horizontal.
En este punto, me permito tomar distancia de la propuesta desarrollada por Rifkin cuando señala que el nuevo paradigma apunta hacia la edad colaborativa que probablemente redefinirá la aventura humana en los próximos años.
Desde mi perspectiva, entiendo que la cosmovisión del autor conlleva cierta carga ideológica. Que se avecinan cambios, no hay dudas, pero pronosticar la dirección del paradigma evidencia más una expresión de deseos que una certeza política.
Consecuencias directas
Si bien dejamos pendiente la conformación del paradigma, no es menos cierto que los progresos científicos transformarán la estructura política sin necesidad del consenso democrático.
Trato de señalar, a modo de ejemplo, el caso de los camiones sin chofer, que ya recorren en forma experimental las rutas de los Estados Unidos. Si desaparecen los conductores, desaparece el gremio. Ya existen familias que generan toda la energía que consumen y que en un futuro próximo pasarán el exceso por medio de internet.
Estos casos, que se están gestando y multiplicando con la inmediatez de los avances hacia todas las direcciones del conocimiento, dejarán sin sustento a las actuales formas monopólicas de producir energía.
Hoy, el empleo de los algoritmos, en tanto “el conjunto de soluciones que permite llevar a cabo una actividad agotando todas las combinaciones posibles”, producirá adelantos exponenciales en las distintas disciplinas.
Pensamos en su aplicación en el área de la Justicia, las TIC, el medio ambiente, el sistema impositivo y las variables económicas; estaremos en presencia de una revolución en el orden mundial.
Naturalmente, en forma gradual, dejará sin espacio innumerables puestos de trabajo que se irán reacomodando, lo que generará una sociedad horizontal.
Entonces, los operadores que se perfilan para conducir las transformaciones son las propias unidades familiares autónomas, las diferentes formas de relacionarse con los semejantes con el acento puesto en la interacción, las ONG ambientalistas y el Estado protegiendo los componentes genéticos de la vida.
Sobre el final de esta nota, quiero reiterar que aquellos cambios añorados hacia una sociedad más equitativa no se gestarán con los procedimientos tradicionales, sino que los avances científicos nos impondrán otra forma de vida.
Es decir, las innovaciones en el protagonismo de los poderes y en las organizaciones sociales se producirán por la fuerza normativa de los hechos, sin necesidad del consenso ni del visto bueno del modelo capitalista.
Nuestra tarea hoy es reforzar la institucionalidad republicana, atacar la corrupción en todos los frentes y bregar para que el sistema electoral democrático adopte de manera definitiva la prohibición de las más diversas formas de reelección.
* Doctor en Derecho

