Las ganas de estar aquí
La patria es la del sol y de las sombras. Somos la del luminoso 25 y la de las lágrimas que han marcado el camino. Alejandro Mareco.
Somos pequeños, muy pequeños, fugaces, transitorios, murientes, materia de la nada del olvido. Estamos hechos de sangre y cielo, de carne y tiempo, de sol y lluvia.
Somos los gigantes del hoy, los dueños del presente, los que tenemos una porción de eternidad entre las manos. Estamos hechos de papel, del ordinario papel de cada día y de los solemnes pergaminos de la historia.
Somos hijos de nuestros padres y padres de nuestros hijos; somos hijos de sueños, padres de sueños.
Tenemos un lugar en la inmensidad de la Tierra y, en la Tierra, un lugar en la vastedad del cosmos.
Tenemos un latido entre todos los latidos de los hombres; un abrazo en lo profundo de la oscuridad; la sabia del ayer, la esperma del después.
Tenemos una piel para lo umbrío y el frío y otra para la luz, para desnudarla a la claridad de los días y del amor. Tenemos la palabra de la soledad y las palabras contra la soledad.
Estamos hechos de barro y razón, de pan y vino, de azar y conciencia, de dios y desamparo, de pecado y purgatorio.
Somos hijos de una patria, padres de una patria.
La patria es el pasado y el destino, es la naturaleza que fecunda y es la comunión de hombres y mujeres con la vida; es el dolor y la esperanza, la memoria y la ilusión, el ardor y el bálsamo.
La patria es el fuego del hogar que no se apaga, como en aquellas tradiciones irlandesas en las que, en el abrigo de la casa, las llamas podían arder sin desmayarse durante siglos, alimentadas por nuevos leños de la mano de nuevas generaciones.
La patria es la determinación de la tierra y el paisaje, nuestro modo de entendernos con la naturaleza que nos ha tocado. Y eso no es sólo saber hundir las manos en la tierra y hacerla germinar, ensayando anhelos de prosperidad hechos trigo, maíz, soja o leche y carne, sino también percibir y encauzar sus vibraciones hasta enarbolar una cultura.
La patria somos nosotros, somos los que la hacemos cada día, los que la hicieron y los que la harán. El “nosotros” incluye desde tremendos revolucionarios de la hora original como Manuel Belgrano y Mariano Moreno, pasando por los grandes nombres que jalonaron nuestra historia, hasta los que vendrán después.
Si hay una patria que tenemos a mano, es la nuestra, la de los que estamos hoy, la de los que estamos vivos. Este es el lugar, al final del sur del mundo, y este es el pueblo. Es el punto de partida sobre el que hemos construido nuestro derrotero y sobre el que sustentamos el porvenir.
Pero la patria, además, es no temerle al mundo, dejarlo venir y hacer nuestra propia cosecha.
La patria es la del sol y de las sombras. Somos la del luminoso 25 y la de las lágrimas que han marcado el camino.
Somos los hijos del dolor, las madres de la plaza y hasta es posible que seamos, también, los asesinos: de lo que aspiramos a construir, depende el lugar que cada cual ocupe.
Acaso la palabra “patria” está estigmatizada por tanto uso espurio que se hizo de ella. Pero la patria somos nosotros, los chicos que nos demandan una identidad, los viejos que nos piden la oportunidad de una última sonrisa.
La patria es nuestros muertos, nuestros vivos y los que llegarán. Es las banderas en los balcones del 25 de Mayo o en un Mundial; es el locro, el asado.
Es nuestras ganas de estar aquí, nosotros y nuestros hijos.

