La mitad de monseñor Ñáñez
Con su estilo sencillo, suave, cercano, afable y sin ninguna estridencia, monseñor Ñáñez ha hecho de su servicio pastoral un faro.
¿Hay límites para hablar bien de alguien? Parece una pregunta de poca monta, y sin embargo la ley judía le dedica a esta temática unas cuantas páginas de su ancestral jurisprudencia. Es que, aunque supongamos que nada hay de malo o peligroso en ello, hay que reconocer que la cuestión amerita algún pensamiento. Los sabios talmúdicos recurren al texto bíblico para hallar respuestas divinas (en todo el sentido de la palabra) y descubren que el Creador, al elegir a Noé para salvarlo del diluvio y recomenzar junto a su familia una nueva humanidad, lo describe en tercera persona como un "hombre justo e íntegro¨. Un dato superfluo, salvo que se note –como aquellos maestros lo hicieran– que al avisarle de su elección Dios le indica que lo hizo por hallarlo "justo". ¿Pues dónde quedó, entonces, su integridad? La conclusión rabínica es magistral: señala que uno puede hablar ilimitadamente bien de un prójimo siempre y cuando no esté presente; si ese es el caso, hay que decir tan sólo la mitad de sus bondades –a la usanza divina– a fin de evitar que sea presa del orgullo o el engreimiento.Dicho esto, y a pesar de que no creo que en este caso haga falta ese prudente cuidado, les voy a referir tan sólo la mitad de las virtudes del arzobispo Carlos José Ñáñez, ya que es probable que nos esté leyendo ahora…Nuestro querido monseñor ha cumplido 25 años desde que fuera ordenado obispo, y este último domingo se realizó una celebración especial a la que no pude asistir por encontrarme de vacaciones. Estas líneas tal vez reparen esa ausencia, porque Carlos ha sido y es para nosotros (mi familia, mi comunidad y, permítanme agregar, a la mayoría de los cordobeses) una bendición.Con su estilo sencillo, suave, cercano, afable y sin ninguna estridencia, ha hecho de su servicio pastoral un faro del que mucha gente –de diversos y variados sectores– recibió parte de su luminosidad. Su cálida amistad me permitió aumentar mi admiración por el mensaje de la tradición católica y mi cariño hacia su grey.Escucharlo es siempre un placer, ya sea en sus homilías o en la sinagoga, cada vez que nos honra con su presencia.En términos de su generosidad, debo destacar un solo gesto que grafica la calidad de su persona. Hace muchos años, por su propia iniciativa, Carlos se acercó al Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz) diciendo literalmente: "A la patria la hacemos entre todos". Proponía compartir el 9 de Julio de manera interreligiosa, algo que hasta ese momento era monopolio del catolicismo. Para ese tipo de actitudes se precisa una visión única, algo que precisamente se halla en la raíz de la palabra "obispo". En griego se dice episkopos , siendo epi aquello que está "por encima" (como la epidermis) y skopos la facultad de "mirar", de "observar". ¿Y de dónde vendrá esa raíz griega si no acaso del hebreo? Es que haShKaFá significa "visión" o "perspectiva", y de esa trilátera raíz provino skopos . Carlos (o monseñor Ñáñez, como prefieran) es exactamente así: un obispo de una gran visión, con una capacidad enorme para mirar más allá. Y aquí me detengo, ¡no vaya a ser que me pase de la mitad!

