La herencia que recibió el Papa
La paz es un valor común en todas las religiones, sin embargo, a veces, muy descuidado y “pisoteado” por sus propios creyentes “en nombre de Dios”.
Hemos visto y leído hace casi un mes acerca de la visita del papa Francisco a Tierra Santa. El sucesor de San Pedro nos ha conmovido a través de sus gestos. En la era de la imagen, probablemente estos impacten más que sus palabras.
Recorrió el mundo a través de las redes sociales la foto del abrazo en Tierra Santa con sus amigos argentinos, el rabino judío Skorka y el líder musulmán Omar Abboud. También la del encuentro con los presidentes de Israel y de Palestina en el Vaticano, para rezar juntos por la paz.
Sabemos que los medios de comunicación construyen la noticia para generar una sensación de absoluta novedad. Sin embargo, es importante reconocer que este camino de diálogo interreligioso se inició hace varios años en la Iglesia Católica romana.
“No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios. La relación del hombre para con Dios Padre y con los demás hombres sus hermanos está de tal forma unida que, como dice la Escritura, ‘el que no ama, no ha conocido a Dios’ (San Juan 4,8). Así se elimina el fundamento de toda teoría o práctica que introduce discriminación entre los hombres y entre los pueblos, en lo que toca a la dignidad humana y a los derechos que de ella dimanan”.
Estas son palabras de la declaración “Nostra AetateSDRq, a través de la cual la Iglesia Católica toma su posición acerca del diálogo interreligioso en el gran evento cristiano del siglo pasado, el Concilio Vaticano II (1962-1965).
A partir de entonces, los papas y muchos obispos iniciaron un camino de encuentro hacia las otras religiones, representadas en sus propios líderes.
Francisco se sabe heredero de un camino ya iniciado, que, por cierto, puede superarse, sobre todo en el trabajo común por la paz. Este es un valor común en todas las religiones. Pero a veces es muy descuidado y “pisoteado” por sus propios creyentes “en nombre de Dios”. De allí la importancia del diálogo interreligioso, que desde hace varios años lleva adelante el Comipaz.
Además, preocupa al Papa la situación de las violaciones a la libertad religiosa en Medio Oriente; no sólo hacia las comunidades cristianas de diferentes denominaciones, sino hacia otras comunidades religiosas.
Ya la declaración SDLqDignitatis HumanaeSDRq, también del Concilio Vaticano II, expresaba: “La persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. (...) el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana”.
Como podemos descubrir, la paz se juega, asimismo, en el respeto a este derecho fundamental. Ya Francisco había emprendido en Argentina, como arzobispo de Buenos Aires, el camino del diálogo interreligioso, como también muchos pastores de nuestro país.
Las religiones de Córdoba tenemos muchos motivos para hacer oración juntos, motivos que bien conocemos y nos preocupan. Son los que inspiran a encontrarnos en la próxima celebración ecuménica e interreligiosa por la patria que, como todos los años, es convocada por nuestro arzobispo Carlos Ñáñez.
La cita es este jueves 3 de julio, a las 19.30, en la capilla del Buen Pastor. Estamos todos invitados.
*Laico católico, miembro del Comipaz

