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La guerra y la herencia

Debemos convertir al mundo en un lugar mejor, donde ningún niño nos dé un sacudón de espanto de esos que nos llevan a los antepasados en guerra.

16 de septiembre de 2015 a las 12:01 a. m.
Alicia Panero*
La guerra y la herencia

Una caja de fotografías viejas me reencuentra con mujeres que llegaron a la Argentina hace 90 años, huyendo de la guerra. Son mi abuela y mis tías abuelas. Mi sangre –que es mitad siria– se heló con la fotografía del niño en la playa. Y no lo pude entender, hasta que revisé esas fotos y evalué mi propia vida. Me convertí en el deudo de ese niño. Y lo hubiera sido de un iraquí, un afgano, kurdo, serbio o palestino.Cuando evoco a las mujeres sirias de mi familia, me envuelve la paz de un aroma a agua de azahar y sabor dulce de buñuelos árabes. Una infancia sólo alterada por las irrupciones del patriarca –quien bañaba en agua bendita todo lo que se movía– y la imagen borrosa de un tío abuelo que llevaba la cara cubierta porque una esquirla le había volado la mitad del rostro.A los niños jamás nos hablaron de eso, de aquello de lo que habían huido.Mi trabajo es hoy visibilizar los padecimientos y acciones de las mujeres en la guerra.Mujeres de Paz en el Mundo –Peace Women Across the Globe (PWAG)– difunde y concientiza sobre la resolución 1.325 del Consejo de Seguridad de la ONU "Mujeres, Paz y Seguridad", que marcó un punto de inflexión en la agenda de género.PWAG lanzó en 2010, basándose en los postulados de dicha resolución, la exposición "Sin mujeres no hay paz", en la que se destaca la importancia de la participación de las mujeres en la prevención y resolución de conflictos y en los acuerdos de paz.Los civiles, en especial las mujeres y los/as niños/as, cada vez sufren más los ataques de combatientes y otros actores armados, al tiempo que constituyen la inmensa mayoría de las personas que se ven perjudicadas por los conflictos armados y que revisten calidad de refugiados y desplazados. La resolución reconoce los efectos que ello tiene para la paz y reconciliación duraderas y exhorta a todas las partes en un conflicto armado a que respeten en plenitud, entre otras normas, la Convención sobre los Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967. Asimismo, que respeten el carácter civil y humanitario de los campamentos y asentamientos de refugiados y que tengan en cuenta las necesidades especiales de mujeres y niñas, incluso en el diseño de los campamentos y asentamientos.Las mujeres son ancla entre la guerra y la vida, entre la huida de sus pueblos y el ensamble en nuevas sociedades, como lo fueron las mujeres sirias de mi familia.Mi ADN está marcado por la guerra que padecieron aquellas mujeres, que huyeron hace casi 90 años. Hoy miro sus retratos con otra perspectiva.Debemos convertir al mundo en un lugar mejor, donde ningún niño nos dé un sacudón de espanto de esos que nos llevan a los antepasados en guerra, para tratar de encontrar explicaciones a un dolor que nunca fue ajeno."Aun en medio del conflicto, puedes empezar a salvar vidas", dice Elisabeth Decrey Warner, Mujer de Paz de Suiza.

* Profesora de Historia, escritora, colaboradora de Mujeres de Paz en el Mundo