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La genealogía de los nombres

El nombre propio, en cambio, raramente es utilizado en el idioma árabe. Tanto es así que se desconoce el nombre de algunos personajes históricos. Alejandro Alí Badrán.

13 de noviembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Alejandro Alí Badrán (Imán, miembro del Comipaz)
La genealogía de los nombres

Una de las contadas disciplinas cultivadas y cuidadas por los musulmanes, y en especial por los árabes, es sin duda alguna la genealogía.

El estudio y conocimiento de la cadena de ascendientes era un don preciado, que permitía distinguir la nobleza y certificaba el lazo vinculante con esa entidad individual que es la tribu o los clanes que la componen, así como sus historias y antecedentes.

Esto explica que en el árabe clásico o preclásico los nombres tengan una estructura bien definida.

Se designa a las personas, ya sea mediante su origen o bien por un sobrenombre que empieza con la palabra " abu ", que en árabe significa "padre de", seguida del nombre del hijo mayor. En el caso de las mujeres, el sobrenombre comienza con la palabra " um ", que en árabe significa "madre de".

En el caso de la descendencia, se designa con la palabra " ibn ", que en árabe significa "hijo de" seguido del nombre del padre. En el caso de las mujeres, el sobrenombre comienza con la palabra " bint ", que en árabe significa "hija de" seguida del nombre del padre.

El nombre propio, en cambio, raramente es utilizado. Tanto es así que se desconoce el nombre de algunos personajes históricos, habiéndose conservado sólo su sobrenombre o su genealogía inmediata. Como ejemplo tenemos el nombre de Avicena ( Abu Sina ) y el de Averroes ( Ibn Ruchd ).

Esto nos remonta a un primer milagro, digamos de genealogía onomástica, en torno de la figura de Jesús, en ese especial ámbito cultural. ¿Cómo designar a quien no tiene padre, ni es a su vez padre de ningún varón, siendo que el Corán nos dice: “En verdad el ejemplo de Jesús ante Dios es como el caso de Adán, lo creó de tierra y luego dijo ¡Sé! y fue creando así el primer hombre (3-59)”.

El uso de la palabra " ibn " hijo de, seguido de un nombre de mujer era rarísimo y fundamentalmente no se lo utiliza excepto para el caso del profeta Jesús. El Corán emplea esta última variante por el especial caso de María, que es un signo divino, un milagro, y como tal escapa a las reglas que rigen para el común de los hombres.

Es así que el texto coránico se refiere a Jesús como el hijo de María (Isa Ibn Máriam), mencionándolo más de 33 veces en el sagrado Corán.

Sólo en dos oportunidades lo hace utilizando únicamente su sobrenombre precedido de su nombre, como en la cita: “Y le concedimos al Jesús, hijo de María, las evidencias claras y lo apoyamos con el Espíritu Santo (2-87)”; o bien cuando decimos: “El Mesías, hijo de María, no es más que un mensajero ante del cual ya hubo otros mensajeros (5-75)”.

También en el Corán se menciona una aleya (oración) que dice: "E hicimos del hijo de María y de su madre un milagro; y les ofrecimos refugio en una colina tranquila y provista de agua de vida (23-50)".

En cuanto al nombre de Jesús en idioma árabe, tiene dos variantes, una de las cuales ha consagrado el Corán y que utilizan los musulmanes de todas las latitudes, sean o no árabes: “Isa”. La otra variante es “Iasúh” mediante una permutación fonética que es frecuente en estos nombres.

Cualquiera sea el caso, Jesús (Isa en idioma árabe) se ha convertido en un nombre de uso común entre los musulmanes de todas las épocas y en todo el mundo, así lo testimonian los nombres de grandes juristas, científicos, príncipes y literatos que figuran en los copiosos anales biográficos y bibliográficos en la literatura islámica clásica.

Uassalamu alaicum. (La paz sea con todos).