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La discordia y el acceso a la tierra

01 de septiembre de 2017 a las 12:06 a. m.
Rodolfo Lemos Angulo*
La discordia y el acceso a la tierra

La historia argentina duele. Porque nuestra historia no es tranquila. Contiene demasiada sangre derramada. Lo visceral de los enfrentamientos reduce la posibilidad de la reconciliación y de los acuerdos.

Ya creíamos definitivamente superada la oscura etapa en la que grupos paramilitares llevaban el odio político hasta el extremo de matar opositores, negando incluso a los familiares la posibilidad de honrar los restos del muerto.

Aplicar penas al cuerpo muerto del vencido nos lleva más de tres mil años atrás: La Ilíada nos muestra a un anciano rey Príamo solicitando un poco de humanidad a Aquiles, pidiéndole los restos de su hijo Héctor para su funeral. Aquiles accede. Hace 3.200 años ya era considerado reprochable negarles el cuerpo del vencido muerto a sus familiares.

La historia argentina -en la que el cuerpo de los vencidos es vejado y negado a sus familias, a fin de impedir que reciban la honra ritual de una sepultura- es un retroceso que nos debe dejar estupefactos.

En las guerras civiles entre unitarios y federales, se retrocede a castigar el cuerpo muerto del vencido, exhibiendo su cabeza colocada en una pica, para mofa de sus enemigos. Y no sólo los federales incultos sobre letrados unitarios como Marco Avellaneda. También educadores unitarios como Sarmiento aplauden estas medidas, sobre el cuerpo de muertos federales como Chacho Peñaloza.

La discordia y el odio político empapan nuestra historia patria. Un dato preocupante: cuando los votos por una facción son elevados (ocurrió en 2011 con Cristina Fernández; hoy, en 2017, con Mauricio Macri), la otra parte duda de la democracia como sistema; en lugar de esperar los calendarios electorales, empiezan las acciones en la calle (marchas, piquetes, cortes, etc.).

En el peronismo, ya es un hábito: cae el partido político en los votos, se pone de pie la rama sindical peronista, con marchas y bombas de estruendo. Violencia simbólica que precede a la violencia real.

No sé qué ocurrió con Santiago Maldonado. Veo que el clima político se oscureció como en un eclipse. Y el acceso a la tierra (urbana o rural) sigue siendo un enorme tema sin solucionar por nuestra democracia.

Porque detrás del absurdo reclamo de un país mapuche independiente, lo que duele en sus voces es la imposibilidad de acceder a un pedazo de tierra argentina para quienes no tienen el dinero para pagarlo. El derecho al acceso a la tierra es elemental.

No puede desatenderse. Ya los hermanos Tiberio y Cayo Graco, hace 2.100 años, dieron sus vidas por la idea de la distribución gratuita y equitativa de tierras a los humildes. La carencia de sistemas de acceso a la tierra para los desposeídos genera una presión social que termina en violencia. Lo gritan 6.500 años de historia documentada de la humanidad.

*Abogado