La cuestión de fondo es la escasez de energía
Mientras se destinan 16 millones a subsidios que favorecen a usuarios de alto poder adquisitivo, los pobres deben pagar mucho más cara la garrafa. Oscar Aguad.
La controversia entre el gobernador Juan Schiaretti y el titular de Empresa Provincial de Energía de Córdoba (Epec), Daniel Bonetto, los comentarios sobre el costo de la halagüeña repotenciación de la usina en Pilar y las denuncias acerca de sobreprecios en las compras a Venezuela no deben desviar la atención sobre la cuestión de fondo: la escasez de energía, como resultado de la falta de inversiones y la ausencia de una política energética.
Hay cortes en el suministro de gas a las empresas; faltan garrafas y se encarecen para casi la mitad de la población que está fuera de la red de gas natural. Para unos, alteración de sus costos e imprevisibilidad. Para los que menos tienen, el aumento del precio significa una rebanada a sus magros ingresos.
Torpe intervencionismo. Nada más sencillo que prever el frío en invierno, el calor en verano, el consumo de naftas y GNC para los automóviles y de gasoil en las actividades agropecuarias.
Sin embargo, semanas atrás hubo faltante en los surtidores, nuestros productores y transportistas tuvieron dificultades para proveerse de gasoil. En abril, ya debimos importar gas y, pese al parate industrial en el verano pasado, padecimos cortes de electricidad porque el cortoplacismo desalienta inversiones en el sector y malgasta recursos presupuestarios.
El intervencionismo torpe, que no tiene como objetivo ampliar la exploración, explotación, transporte e industrialización, impide el aprovechamiento de este recurso precioso. Los controles deberían servir para incrementar la actividad y optimizar la disposición de los hidrocarburos en los segmentos más dinámicos.
Si se paga dos dólares por millón de BTU (unidad térmica de medida) a las provincias productoras de gas, mientras se importa a entre siete y nueve dólares desde Bolivia y 14 y 16 dólares a la decena de barcos regasificadores de GNL (gas natural licuado) desde Trinidad y Tobago, no puede sorprender que desde 2002 caiga la producción de petróleo y desde 2004 la explotación de gas.
Menos producción. En marzo, respecto del año anterior, la producción de crudo disminuyó 3,7 por ciento y la de gas cayó 6,1 por ciento. Al mismo tiempo que extraemos menos, se achican nuestras reservas de hidrocarburos, por alteración de las reglas de juego y la falta de incentivos a la exploración continental y en nuestra plataforma marítima para consolidar nuestra soberanía efectiva en el mar, donde nos anoticiamos de que se descubren yacimientos.
Las restricciones son resultado del populismo que nos priva de una herramienta esencial para el desarrollo productivo, tanto de la industria como del campo, acotando la generación de empleo genuino y el desenvolvimiento tecnológico sustentado en los miles de subproductos derivados.
Para bajar un punto la desocupación, se requiere crecer cada año al cinco por ciento. Y ello, según especialistas, requeriría una sostenida y prioritaria inversión anual en energía de más 18 mil millones de pesos. Capitales públicos y privados deben concurrir en esa dirección, convocados por una política de Estado sostenida en el tiempo.
Mientras se destinan 16 mil millones de pesos a subsidios para la energía, sin criterio, a usuarios de alto poder adquisitivo, millones de compatriotas empobrecidos deben pagar la garrafa cuatro o cinco veces más cara, por no contar con una tarifa social focalizada. Ineficiente manera de administrar los impuestos que pagan los que producen y trabajan. Los cordobeses pagamos mucho más por ese combustible que en la porteña Recoleta.
Pocas reservas. Mientras todos los países exploran buscando abastecimiento futuro, Argentina tiene sus reservas en manos extranjeras. En cinco años, nuestras reservas hidrocarburíferas cayeron 40 por ciento; Brasil aumentó las suyas 60 por ciento.
La empresa Enarsa, en vez de asociarse para explorar en las áreas no concesionadas, se dedica a importar hidrocarburos de Venezuela y Bolivia, que apenas puede cumplir el volumen comprometido.
En vez de planificar la recuperación del autoabastecimiento energético, el año pasado se pergeñó un brutal e indiscriminado tarifazo para... !importar! Quien no invierte en buscar, no amplía sus reservas. Comprometemos el presente e hipotecamos el futuro.
Si con una caída de 3,8 por ciento de la economía, como sucedió en 2009, ya tuvimos apagones, el crecimiento previsto de cinco por ciento para este año nos obliga a implementar una política energética intensiva (incluyendo hidroelectricidad, nuclear y otras alternativas de energías limpias, además de biocombustibles) para equilibrar la composición de la matriz actual.
Sin este insumo básico, no habrá inversiones de gran porte en segmentos de tecnología de punta, no se instalarán nuevos emprendimientos ni mejorará nuestra productividad.
Sin provisión estable de energía, no podremos valorizar y diversificar nuestras exportaciones ni agregar valor y trabajo a nuestro proceso productivo, cristalizando el subdesarrollo que empobrece y la falta de oportunidades para nuestros jóvenes, trabajadores, técnicos y científicos. Éste es un tema prioritario, insoslayable; hagamos lo que hay que hacer, !por favor!

