La corrupción en el centro de la escena
Nadie puede concebir que los manejos de Schoklender no hayan sido conocidos por Hebe de Bonafini y el propio Gobierno nacional, que toleró el manejo irregular de 765 millones de pesos. Carlos Sacchetto.
Esta vez, la acostumbrada astucia para enfrentar situaciones adversas estuvo ausente. Con un simplismo que sorprende, el Gobierno nacional imaginó que apoyándose en dos argumentos básicos, podría esquivar la onda expansiva del escándalo de corrupción que estalló en la Fundación Madres de Plaza de Mayo. Uno de esos argumentos fue colocar la exclusiva responsabilidad del episodio en la traición y malicia de Sergio Schoklender. El otro, señalar que quien pidiera la investigación profunda y el esclarecimiento del caso, se convertía de he-cho en un enemigo de la histórica lucha de las Madres y de la defensa de los derechos humanos. Ninguno de esos discursos, profusamente difundidos por la amplia red de medios financiados por el oficialismo, logró el objetivo que buscaban. Hay un motivo y es que la subestimación del sentido común de la gente tiene un límite. Nadie puede concebir que los manejos de Schoklender no hayan sido conocidos por Hebe de Bonafini y por el propio Gobierno, que toleró el manejo irregular de 765 millones de pesos destinados a planes de viviendas. Fueron necesarios varios años para consumar los delitos que ahora se investigan y por eso suena extraño que Scho-klender haya engañado al mismísimo Néstor Kirchner. Consta que hubo advertencias de algunos funcionarios, pero nunca se dijo nada al respecto. Estrategias dudosas. Se entiende por que: primero, la cooptación de los organismos con subsidios y prebendas, y luego, la utilización de los derechos humanos como sostén ideológico del kirchnerismo. Era necesario entonces el silencio oficial. Esa indisimulada manipulación, inhabilita a quienes quieren ocultar la verdad para supuestamente defender los pañuelos blancos. Frente a la avasallante realidad, el Gobierno perdió la iniciativa y se muestra desconcertado. Se suma ahora la incertidumbre por la decisión de los hermanos Noble Herrera de someterse voluntariamente al cotejo de sus identidades tras muchos años de persecución política. ¿Qué decir si no resultan ser hijos de desaparecidos? Encima, en la Casa Rosada presumen que cuanto más se lo comprometa a Schoklender, más se lo estará induciendo a que diga las cosas que no debe decir y cuente lo que no debe contar. Y al parecer, por los mensajes que envía entrelíneas su abogado, un Schoklender acorralado estará dispuesto a hablar. Por lo pronto, los impactos políticos de este escándalo, sumado al de la pelea interna en el Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi) –que también muestra fuertes contenidos de corrupción–, han dado de lleno en las expectativas electorales del kirchnerismo. En Capital Federal, donde se elegirá jefe de Gobierno dentro de tres semanas, el candidato oficial Daniel Filmus comenzó tarde la campaña por presiones cruzadas de su propia fuerza. La relación de Filmus con su compañero de fórmula Carlos Tomada se ha deteriorado. A la lista de legisladores se la armó el secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zannini. Además, le desautorizaron los afiches callejeros que había preparado. Como si todo eso fuera poco, por orden superior debió poner excusas para no debatir en televisión con Mauricio Macri y Pino Solanas. El temor oficial es que no pueda responder de manera convincente por los escándalos de corrupción. Números y proyecciones. En el distrito capitalino, el segundo del país en importancia electoral, el macrismo evalúa que no tendrá dificultades para imponerse y que el candidato kirchnerista hasta podría quedar en tercer lugar detrás de Solanas. Lo sorprendente es que varios dirigentes vinculados al gobierno nacional, en diálogos reservados, no descartan que eso efectivamente suceda. En cuanto a la Presidenta, a la que le faltan sólo horas para develar el misterio y decidir si va a ser o no candidata a la reelección y nominar a su vice, no está a salvo de las consecuencias de aquellos escándalos. Este fin de semana se están difundiendo tres encuestas que le dan una intención de voto inferior al 40 por ciento. Esas mediciones muestran que a nivel nacional, en el último mes, Cristina Fernández perdió entre 5 y 7 puntos. Uno de los motivos de la preocupación que se obser-va en el Gobierno es que lue-go de proclamarse candidata, le quedará un largo tramo hasta octubre, con la posibilidad de un mayor desgaste de su figura. Lo único que a los funcionarios de la Casa Rosada les dibuja una sonrisa es que esos mismos sondeos marcan todavía una gran diferencia con los candidatos de la oposición. Lejos están Ricardo Alfonsín, Hermes Binner, Elisa Carrió o Eduardo Duhalde de arrimarse a Cristina en la intención de voto. Ellos también parecen haber perdido la iniciativa, creyendo tal vez que el propio peso de los conflictos internos del Gobierno, puesto en el otro platillo de la balanza, los elevará en la consideración pública. Es cierto que el kirchnerismo hace mucho para perder imagen, pero se necesita bastante más que eso para ganar la voluntad de los electores.

