La contracara de los golpes de efecto
Por más orden que se le imponga a YPF desde su conducción, si no hay inversiones estratégicas, los resultados no se verán. ¿Dispone hoy el Estado de esos recursos? Carlos Sacchetto.
Consciente de que la política también es espectáculo, y con actitudes similares a los personajes de El jugador , la novela del ruso Fiodor Dostoievski, el gobierno que encabeza Cristina Fernández redobla y redobla sus apuestas. Cuando transcurrían cuatro meses del nuevo período presidencial sin que se registraran realizaciones trascendentes, la estatización del 51 por ciento de las acciones de YPF mediante la expropiación a la firma española Repsol produjo un significativo cambio de clima en el escenario nacional.Habrá que discutir mucho aún y sobre todo esperar los resultados para saber si es bueno o malo, tanto para el Gobierno como para el país, que –vale aclararlo– no son la misma cosa aunque los propagandistas oficiales lo den por hecho en su relato.Por lo pronto y en un cálculo menor, el notable descenso de la imagen de Cristina que se venía observando logró revertirse gracias a otro oportuno golpe emocional, como es lo que produce en la Argentina cualquier apelación a los sentimientos patrióticos. Otras razones. Además de las aparentes y temporarias consecuencias políticas internas de la medida, hay dos factores centrales que condicionan su efectividad futura. Uno es si el nuevo esquema accionario y de gestión de la compañía consigue detener el creciente déficit energético del país y la encamina hacia el prometido autoabastecimiento. Cuesta creer que los mismos funcionarios que descuidaron por más de ocho años al sector, que no escucharon las reiteradas advertencias de los especialistas y que a través del representante del Estado en la empresa fueron silenciosos partícipes del vaciamiento, hoy descubran la fórmula para hacer todo lo contrario. El otro factor es netamente económico-financiero. Por más orden que se le imponga a YPF desde su conducción, si no hay inversiones estratégicas, los resultados no se verán. ¿Dispone hoy el Estado de esos recursos? Los mismos funcionarios del área económica admiten que no, y sugieren que se deberán asociar al negocio otros capitales.Fuentes del oficialismo insisten en que una de las preocupaciones del gobierno de los Estados Unidos es la penetración de dólares chinos en la región. Y afirman que el desplazamiento de Repsol se consumó con el visto bueno de Barack Obama porque los españoles negociaban para vincular a la china Sinopec con YPF.Si, como se cree, los nuevos inversores petroleros tienen bandera norteamericana, la Argentina no debería preocuparse demasiado por las represalias que el mundo adoptará por la expropiación. Una cosa es la formalidad discursiva en las relaciones internacionales y otra son las "efectividades conducentes" de las que hablaba Hipólito Yrigoyen, el creador de la petrolera nacional.En relación con las quejas y con las sanciones que despierta la decisión argentina, en la Casa Rosada están convencidos de que habrá ruidos pero "la sangre no llegará al río".Hasta el próximo miércoles, cuando el Senado apruebe la media sanción de la ley enviada por el Gobierno, habrá variadas discusiones. Pero hay una que es relevante y se relaciona con el modelo imaginado para la nueva YPF.El proyecto prevé que el 49 por ciento de ese 51 que tendrá el Estado será sólo para las provincias productoras de petróleo y no para todas. ¿Es justa esa diferencia cuando la Nación es la suma de las provincias? Esa pregunta tendrá sentido sólo si la estatización es un éxito, porque pese a la vocación suicida de muchos gobernadores, nadie en principio quiere compartir un fracaso. Hagan juego. Alberto Iribarren, ex ministro de Justicia de Néstor Kirchner, dijo que el gobierno de Cristina, a diferencia del de su esposo, "va a tontas y a locas, a los manotazos". Se refería a la decisión de crearle un fuerte condicionamiento a la Justicia tras el alejamiento del ex procurador general Esteban Righi. La nominación de Daniel Reposo para reemplazarlo fue otra apuesta de la Presidenta. En términos políticos, esa jugada es mucho más riesgosa que la de expropiar YPF porque significa un avance sobre jueces y fiscales en momentos en que se investiga por supuesta corrupción nada menos que al vicepresidente de la Nación.En menos de un mes, el Senado deberá aprobar o rechazar la designación. Si el nombre de Reposo no pasa, ¿la Presidenta acusará de conspirar a la misma oposición a la que hoy agradece por apoyar el proyecto de YPF?Quienes sienten pasión por las apuestas saben que se exponen al triunfo y a la derrota. Hacer política también es saber elegir las oportunidades. Hasta hoy a Cristina no le ha ido mal sobre el tapete, pero cada vez más necesita que la ruleta le devuelva un pleno.

