Debate. Junto a Milei, el que las hace no las paga
No alcanza a terminar un tembladeral cuando comienza el siguiente, lo cual hace que Milei corra a refugiarse en la Casa Blanca.
Muchas voces advirtieron que, detrás de actitudes inconcebibles en un jefe de Estado, no podía sino haber negligencia y personajes miserables. Pero eran muchas más las voces que decían que criticar al Gobierno y a Javier Milei era querer que vuelva al poder el kirchnerismo.
Hoy parecen ser menos quienes caen en ese maniqueísmo.
El Presidente que echó sin razón visible a Ramiro Marra, y también de manera inmerecida a Diana Mondino, no puede desprenderse de personajes turbios sobre los que pesan gravísimas sospechas, como Eduardo “Lule” Menem, Karina Milei y José Luis Espert, entre otros.
El líder vociferante que denunciaba a “la casta” por inservible y corrupta, prometía extirparla de las posiciones de poder y humillaba echando sin causa a personas que no cometían delitos, ahora defiende a gente de moral sombría que no muestra capacidad ni calidad humana.
Si tuviera condiciones mínimas para crear un gobierno de intachables y capaces, hubiese expulsado a Espert cuando en una conferencia en la Universidad Católica Argentina dijo la brutalidad de que Florencia Kirchner sufre problemas psicológicos porque “es hija de una gran puta”.
El propio Milei había contado en televisión que ese matón verbal con mirada intimidante le había ofrecido U$S 300 mil que puso sobre una mesa para que se apartara de una carrera electoral.
A la sombra de Trump
Si no puede desprenderse de personajes así, debería al menos tener la dignidad de llamar a Mondino y a Marra para disculparse.
Si al menos fuese sólido el plan económico, el Presidente se ahorraría estar viajando a cada rato a Washington para acurrucarse a la sombra de Donald Trump.
Si te tiran un salvavidas, es porque te estás ahogando, pero el presidente ultraconservador, sus seguidores y sus voceros en los medios presentaron el swap del Tesoro norteamericano para calmar los mercados como un reconocimiento a su liderazgo. Escena absurda que agiganta la sensación de deriva.
Hasta hace algunas semanas, Milei vociferaba contra “la casta”, los “ensobrados”, las “lacras corruptas”, los “zurdos”, los “kukas endeudadores seriales”, y las demás descalificaciones que usa cuando logra controlarse y no insulta con metáforas obscenas.
Sentía el derecho a humillar y a denostar a la decadente dirigencia argentina. Pero quedó a la vista que su gobierno y su entorno personal están colmados de “casta”, “ensobrados” y “lacras corruptas”, además de tener un plan económico manejado por “endeudadores seriales” que repiten la eterna historia del populismo: endeudar al país.
La tormenta de revelaciones deja al descubierto las miserias que Milei achacaba a los demás, incluidos los centroderechistas que querían ayudarlo.
Hablamos del escándalo de la criptomoneda; las escuchas que vinculan a su poderosa hermana con coimas en el sector más talado por la “motosierra” (la asistencia a discapacitados), además de denuncias de coimas en la obra social de los jubilados, sector que, al protestar por su empobrecimiento, recibe como respuesta represión policial.
No alcanza a terminar un tembladeral cuando comienza el siguiente, lo cual hace que Milei corra a refugiarse en la Casa Blanca.
Del viaje anterior, trajo calma al mercado con un anuncio opaco: el Tesoro dará un swap de U$S 20 mil millones que podría estar destinado a reemplazar el swap chino que Argentina ya tiene y que es por la misma cifra. De ser así, lo que debería sumar divisas a las escuálidas reservas no va a sumar nada, sino reemplazar lo que ya estaba.
A esa duda, se suma otra: Trump condicionó el swap a que el oficialismo gane la elección. Una condición absurda, porque un presidente no puede garantizar un resultado electoral.
Puede garantizar que la elección sea limpia, pero la única forma de comprometerse a ganarla es si está dispuesto a cometer fraude si la perdiera.
En rigor, ese condicionamiento no es a Milei, sino al electorado argentino. La condición extorsiva del salvataje económico sólo si a la elección la gana el oficialismo.
Para colmo, mientras negociaba en Washington, su ministro de Economía armaba una jugada turbia para que las cerealeras liquidaran U$S 7 mil millones durante una efímera eliminación de aranceles, manganeta que costó al Estado más de U$S 1.500 millones, indignó a los productores y generó sospechas de que, sin violar ninguna ley, Luis Caputo podría haber recibido de los beneficiados un suculento agradecimiento.
Si en vez de aduladores Trump estuviera rodeado de lúcidos profesionales, estarían explicándole la cantidad de estropicios y negligencias con que Milei se autosaboteó hasta quedar grogui por los cachetazos electorales que recibió en las provincias de Corrientes y Buenos Aires. Y que, por lo tanto, debería condicionar la ayuda económica a que este deje de insultar y se dedique a construir consensos para garantizar las reformas y su continuidad.
También que arme las listas con personas idóneas y honestas, para llevar al Congreso inteligencia y sensatez en lugar de corruptos y fanáticos negligentes sin preparación ni decoro.
Periodista y politólogo

