Jerusalén, Jerusalén, que todos sean uno
Concedamos importancia en nuestra oración a los cristianos de Oriente para que lleguen a lo que aspiran en materia de libertad y dignidad. Federico Palacios.
Como sucede todos los años, del 18 al 25 de enero se celebra en el hemisferio norte la semana de oración por la unidad de los cristianos. En el hemisferio Sur, donde el mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, se prefiere adoptar otra fecha, entre la fiesta de Pentecostés y la de la Santísima Trinidad. Desde 1968, el material de dicha celebración es elaborado para su difusión internacional por una comisión mixta entre el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias. Este año se ha utilizado de base la propuesta de un grupo ecuménico de Jerusalén que eligió el tema inspirándose en Hechos de los Apóstoles 2, 42: "Eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones".El texto introductorio realiza una valoración de la primitiva Iglesia de Jerusalén, llena de la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés: "Aunque esta Iglesia primitiva de Jerusalén ha conocido dificultades, tanto exteriormente como en su seno, sus miembros han perseverado en la fidelidad y en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones". Luego, se relaciona estupendamente a aquella con la actual Iglesia que peregrina en el mismo territorio: "La comunidad actual conoce muchas alegrías y sufrimientos que fueron las de la Iglesia primitiva: sus injusticias y desigualdades, sus divisiones, y también su fiel perseverancia y su consideración de una unidad mayor entre los cristianos. Las Iglesias de Jerusalén nos hacen actualmente entrever lo que significa luchar por la unidad, incluso en las grandes dificultades".Dichas afirmaciones resultan emblemáticas en esta región de Oriente en la que los cristianos son particularmente perseguidos y martirizados. Basta recordar el atentado que sufrieron los cristianos coptos en su Santa Misa de Navidad el pasado 6 de enero, suceso condenado por el Papa Benedicto XVI y por varios líderes religiosos. Concedamos particular importancia en nuestra oración a los cristianos de Oriente para que lleguen a lo que aspiran en materia de libertad y dignidad, y que finalicen todas las formas de opresión humana. Esta región, rica en diversidad de religiones, se ha convertido en fuente de divisiones: "Estas divisiones son aún más dolorosas en Jerusalén, puesto que es el lugar mismo donde Jesús oró para que "todos sean uno" (Juan 17, 21), donde ha muerto "para conseguir la unión de todos los hijos de Dios que se hallaban dispersos" (Juan 11, 52), y donde tuvo lugar el primer Pentecostés". Podemos recordar a Jesús que lloró poco antes de su muerte por la Ciudad Santa (cfr. Lucas 19, 41) e imaginarnos este conmovedor, aunque provocador reproche: "Jerusalén, Jerusalén… que todos sean uno".

