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Fraternidad religiosa. Ir preparando el corazón

15 de diciembre de 2025 a las 07:24 p. m.
Ángel Sixto Rossi*
Ir preparando el corazón
Cada familia adorna el arbolito de Navidad de acuerdo a sus propias tradiciones.

Falta poquito para la Navidad, y es bueno que vayamos preparando, no sólo el lugar, qué vamos a comer, a quiénes vamos a invitar, qué regalos vamos a hacer este año, etcétera, etcétera, sino que en ese “preparar” incluyamos sobre todo el corazón. Podemos adelantar un poco los sentimientos que nos visitarán en la Nochebuena.

Porque en la Nochebuena saldrán a la luz nuestros recuerdos lindos de infancia y el recuerdo de los que ya no estarán. Nuestras ganas de ser más buenos y la pena de ser siempre los mismos egoístas. El cariño de los que nos queremos y se notarán los vínculos que permitimos que durante el año hayan quedado sin resolverse, sin hablarse, sin reconciliarse, en discordia.

El deseo de tener a Dios en el corazón y la tristeza de no habernos preparado mejor.

Fiesta de familia

Navidad es fiesta de familia. Podríamos decir que la mesa del altar, del templo, se traslada o se prolonga en la mesa del hogar. Navidad se celebra en familia.

Una Navidad sin rostros, sin mesa que se agranda, sin capacidad para dar cabida a los que normalmente no están, sin olvido de las ofensas, sin deseos de mejorar nuestros vínculos, de suavizar nuestras contradicciones, no sería Navidad.

Es exigencia de Navidad “crear calidez dentro de nuestras casas”, y para eso tiene que haber olor a comida, cierto desorden que acuse que ahí hay vida.

Ser pesebre

Se puede pensar en el pesebre como una disposición del corazón.

El pesebre no posee riquezas, no ostenta, no agobia. No tiene puertas, ni llaves, ni claves, ni contraseñas. No exige requisitos.

Sólo está ahí, a disposición de quien necesite alojarse, refugiarse o hacer un alto en el camino.

Ser pesebre en el camino de alguien. Alojar sin preguntar, sin esperar nada, sin juzgar. Alojar y dejar ir. Ofrecer el agua que alivia. O las palabras justas. O un abrazo en silencio.

Porque todos en algún momento de nuestro camino hemos necesitado un pesebre.

Porque ser pesebre es una oportunidad de sentirnos cerca. De recuperar el sentido en un mundo sin sentido. De volver a sentirnos seres humanos.

¡Feliz Nochebuena!

¡Muy feliz Navidad!

  • Arzobispo de Córdoba, integrante del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz)