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Inundados de violencia

Acogiendo la Pascua de Jesucristo, que hace nuevas todas las cosas, podemos sacar lo mejor de nosotros. Federico Palacios.

09 de abril de 2013 a las 12:01 a. m.
Federico Palacios*
Inundados de violencia

Hace una semana, varias denominaciones cristianas hemos celebrado litúrgicamente la Pascua del Señor; es decir, su muerte y resurrección por nuestra salvación y liberación.

En los textos evangélicos que se refieren a la Pascua, se puede experimentar el triunfo de la ternura y de la misericordia, de la vida abundante y de la paz, de la alegría y de la esperanza...

Ya el profeta Isaías nos decía con convicción: “No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?” (Isaías 43, 18-19).

El reproche final es para los creyentes de todos los tiempos, también para nosotros: ¿no nos damos cuenta de que Dios en Jesucristo ha hecho nuevas todas las cosas y cuenta para esto con nosotros?

Hemos presenciado en estos días el doloroso flagelo de las inundaciones, con numerosas víctimas que lo perdieron todo, sobre todo seres queridos, tanto en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como en La Plata. Al Comipaz nos ha dolido esta situación de sufrimiento de tantos argentinos.

También nos ha preocupado la paz amenazada en Corea, aunque sabemos que todo conflicto bélico tiene como trasfondo muchos intereses que no se explicitan (económicos, de injusticia, de discriminación y un largo etcétera). Esto suscita una “inundación” de violencia que muchas veces degenera en guerras.

Un problema para nosotros, que habitamos de este lado del planeta, es la información sesgada que recibimos, lo que hace sumamente difícil interpretar la realidad tal como acontece.

Debe haber justicia para que haya paz, inclusión para que haya paz, equidad para que haya paz, libertad de expresión para que haya paz, etcétera. Teniendo en cuenta este entramado:

a) Invitamos y desafiamos a todas las personas de buena voluntad, más allá de sus convicciones religiosas, políticas o étnicas a elevar sus oraciones a Dios, como fuente y protector de toda vida, a fin de evitar una confrontación armada entre hermanos históricos de Corea.

b) Llamamos al diálogo y a agotar todos los medios para superar las situaciones de injusticia u otras que puedan haber para proteger la vida de todos y cada uno de los que viven en ambas Corea.

Acogiendo la Pascua de Jesucristo, que hace nuevas todas las cosas, podemos sacar lo mejor de nosotros. Los numerosos y alentadores testimonios de solidaridad en las inundaciones son signos de resurrección; también lo es el desafío de agotar todos los medios para hacer posible la paz en el mundo, sobre todo ahora entre nuestros hermanos de Corea.

Nuestro compromiso es con los “inundados” de acá y de allá. De este modo, el mundo se dará cuenta de que está germinando algo nuevo, que están germinando tiempos de paz.

* Laico católico, miembro del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz).