Integración sin ciclotimia
Lo que pase en los próximos años no dependerá sólo del ánimo del elenco gobernante, sino de su adecuada percepción, adaptación y aprovechamiento de las nuevas tendencias políticas globales.
La integración latinoamericana ha experimentado cíclicos vaivenes, que tornaron imposible afirmar un proyecto sustentable en el largo plazo. El surgimiento de la Alianza del Pacífico –Chile, Colombia, México y Perú–, en 2011, expuso una vez más esta situación. La marcada agenda de liberalización comercial entre sus miembros –llamados "los pumas de América latina"– y el resto del mundo, con especial interés en Asia y los Estados Unidos, en los hechos parece contraponerse con otros procesos de integración de la región.Mientras que este bloque propone un regionalismo abierto, el Alba se encierra en una retórica bolivariana y el Mercosur, pensado hacia el Atlántico, no muestra mayores reflejos.En la década de 1990, el regionalismo latinoamericano se intentó abrir, procurando más eficiencia productiva mediante una mayor liberalización del comercio y la renovada inserción en ciertos mercados internacionales.En el Cono Sur, destempladas reformas estructurales se acompañaron de convenios preferenciales del tipo "cuatro más uno" entre el naciente Mercosur y países como Chile, México, Estados Unidos o la búsqueda de acuerdos con la Unión Europea.Tras los sofocones que explicaron los costos de estas políticas –efectos tequila, caipirinha, tango y vodka– y acompañando un reacomodamiento de la economía y la política mundial y regional, el esfuerzo integrador se diversificó en la primera década de este siglo a aspectos no comerciales.La agenda se centró en la coordinación de algunos puntos de la política exterior con intervención de un esquema intergubernamental con laxa institucionalidad como la Unasur, con hincapié en la búsqueda de autonomía en los mercados financieros y la provisión de infraestructura regional (en particular, la energía).
Tendencias globales
A partir de la asunción del presidente Mauricio Macri, se espera que la Argentina se acerque a la Alianza del Pacífico. Y hasta ahora, ¿qué factores explican la distancia del país hacia ese bloque? ¿Fue sólo ideológica? ¿Talló la priorización del Mercosur, proceso más arraigado en el continente? ¿Tuvo que ver la concreción de acuerdos directos con el gigante asiático, la República Popular China?
El Mercosur –consecuencia de la transición democrática– posee un sustrato político determinante. Revirtió la tradición de hipótesis de conflicto con el Brasil. Pero, aun ratificada, la política exterior argentina de los últimos años no vaciló en subordinar sus objetivos a necesidades de política local, además de prohijar algunos acuerdos paralelos, que buscaron fomentar el comercio bilateral alternativo.
Este “pragmatismo” fue funcional a una nueva dinámica, económica y diplomática, de la Argentina en la región.
Hoy se comparte la impresión de que el país comienza a sentirse aislado y agotado en la vertiente proteccionista. Se avecina otro debate por el crecimiento económico, la proyección internacional y las características de las decisiones, directrices y herramientas estatales, en pos de la defensa de la economía nacional y la inserción de la Argentina en el mundo.
Lo que pase en los próximos años no dependerá sólo del ánimo del elenco gobernante, sino de su adecuada percepción, adaptación y aprovechamiento de las nuevas tendencias políticas globales y la persistencia o mutación del escenario regional.
El Mercosur –qué fantástica denominación, no superada en potencial marketinero por la de ningún bloque en el mundo– debería sostenerse. ¿Mirar sólo hacia el Atlántico? No parece consistente si continúan las resistencias de la Unión Europea.
En 2010, se reanudaron las negociaciones para llegar a un acuerdo entre los dos bloques, pero la política agrícola común europea sigue siendo el gran obstáculo.
¿Consolidar la unión aduanera? Antes deberá clarificarse la política local y, desde esa base, ir por el entendimiento, potenciar el comercio –mejorar sus condiciones–, desarrollar la infraestructura: seguimos quedando lejos unos de otros.
¿Y la Unasur? No se esperan grandes avances de esta organización en 2016. ¿Mirar al Pacífico es ignorar al Mercosur? Sería absurdo que así se concibiese. Aunque hoy, sin obras básicas de gran magnitud, las salidas al Pacífico están tan distantes como las remotas capitales asiáticas.
Hay suficientes temas de interés común. Más importantes que intentar ganar notoriedad regional gesticulando al borde del entrometimiento. Existe una oportunidad concreta para la integración real.
Mirar a la Argentina desde el mundo, como quiere el presidente electo Mauricio Macri, es mirar al hoy desde el mañana. Y sigue vigente aquella sentencia de hierro: el mañana nos encontrará unidos o dominados.
Apostar por la unión sin ciclotimia debería ser el primer objetivo.

