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Hacia una democracia paritaria

Para hablar de mérito, primero debemos garantizar las mismas oportunidades para todos.

17 de septiembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Olga Rista*
Hacia una democracia paritaria

El proyecto de reforma política que se está tratando en este momento en la Cámara de Diputados de la Nación consiste en el primer paso de un proceso de tres etapas que busca transformar aquellos aspectos de nuestro sistema electoral que afectan su transparencia y resultan en una tergiversación de la voluntad del elector. Ante la oportunidad que significa esta discusión en el ámbito parlamentario, un amplio grupo de legisladores de todos los colores políticos planteamos incluir en el proyecto la paridad de género con alternancia para las listas nacionales. De esta manera, las listas estarían compuestas por el mismo número de mujeres y de hombres, y ubicados de manera tal que una persona no quede al lado de otra del mismo sexo, lo que garantizaría el equilibrio en número y elegibilidad. La participación de la mujer en todos los ámbitos de decisión es una condición fundamental para la consolidación de la democracia, para la igualdad de derechos y para el desarrollo humano.

Dicotomía

Al hablar de los roles en la sociedad, aún hoy existe una clara identificación de lo femenino con el ámbito privado-doméstico, frente a una marcada predominancia de lo masculino en todo lo referido al ámbito público.

Esta dicotomía es una barrera que nos impide valorar las capacidades de las personas independientemente de su género. Para hablar de mérito, primero debemos garantizar las mismas oportunidades para todos; de 
otra manera, el mérito no existe y se vuelve un eufemismo de injusticia.

Es imperante para la legitimidad del sistema republicano plantear la cuestión del ejercicio activo e igual de la ciudadanía. Cuando hablamos de 50/50 en los cargos representativos, no se trata sólo de una cuestión nu­mérica, sino de un cambio cuali­tativo en la manera en que, como sociedad, tenemos de entender la participación de la mujer en la representación política, en la toma de decisiones y en la vida pública.

La exclusión de las mujeres 
de los ámbitos políticos de decisión es una realidad. Desde la sanción de la llamada ley de cupo, en 1991, la cantidad de mujeres que integran la Cámara de Diputados aumentó, pero nunca llegó al 50 por ciento.

En la actualidad, ese cupo de 30 por ciento se convirtió en un techo.

Rezagados

A pesar de haber sido Argentina el primer país en el mundo que estableció una ley de este tipo, el tiempo pasó y nos quedamos atrás.

En el presente, existen ya, sólo en América latina, seis países que incorporaron a su sistema la paridad.

¿Cómo pasamos de ser pioneros en el tema a quedar rezagados, con legislaturas provinciales, gabinetes ejecutivos y un Congreso Nacional con desproporcionado predominio masculino?

Este es el momento de hacer una reforma política integral que contemple el compromiso argentino con la igualdad de derechos y permita a sus habitantes un ejercicio activo de la ciudadanía.

Las leyes de cupo o de paridad son medidas orientadas a compensar una situación de desigualdad e injusticia, instalando en la sociedad un debate necesario que es transversal a todas sus esferas.

Al avanzar sobre este objetivo, pueden volverse más cercanas metas como la división de tareas en lo doméstico sin importar el género, la justa distribución de los cargos de responsabilidad en las empresas basada sólo en el trabajo, la condena total e innegociable de cualquier tipo de violencia.

La importancia de la paridad en la representación radica en que equilibra oportunidades y fomenta un cambio cultural orientado hacia la igualdad de género.

* Diputada nacional por Cambiemos