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Hace falta un nuevo Acuerdo de San Nicolás

Hay que reconstruir la Argentina. Nuestro modelo más parecido debería ser el Acuerdo de San Nicolás (1852). Carlos Oulton.

20 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Carlos Oulton (Presidente de la Fundación Oulton)
Hace falta un nuevo Acuerdo de San Nicolás

Las declaraciones oficiales son cada vez más descalificantes sobre la oposición e insisten en profundizar un modelo que ya fue rechazado el 28 de junio de 2009 por más del 70 por ciento de los ciudadanos.

La oposición (a pesar de ser multifacética, para no decir con ideas muy diferentes) no consigue articularse y sigue el juego al oficialismo. Se siente presionada por los ciudadanos y, al decir de uno de los diputados nacionales, existen opositores funcionales al Gobierno nacional y existe persecución del oficialismo.

Me pregunto: ¿Y qué esperaban? ¿Qué siguiera el corso? Se confunde política con partido de fútbol. Por estas horas, un diputado nacional opositor hablaba, precisamente, de que llegó el momento de levantar el pie del acelerador y meter un gol.

La Presidenta -en otra arenga inusitada, al compás de un típico asado argentino- conminó a sus acólitos a apoyar con firmeza las medidas del Gobierno, a encolumnarse, a profundizar y proyectar el "reparto" de la caja nacional. Parece decir: "Sólo nosotros sabemos hacer; ellos chocaron la Argentina". Por eso, decretó que seguirá aumentando el gasto público y que el ajuste lo hagan otros.

Confrontación. Los opositores carecen de proyectos, tienen grandes diferencias, hacen "reduccionismo" y nos ponen ante la temeraria actitud de una política confrontativa.

¿Será pronto, otra vez, "al enemigo ni Justicia", promoviendo la anarquía que los argentinos tememos tanto y donde mejor siembran su despotismo los que hoy gobiernan?

Camino al Bicentenario, seguimos empantanados y hay que hacer honor a las palabras de José Ortega y Gasset: "Argentinos, a las cosas".

Hay que reconstruir la Argentina. Nuestro modelo más parecido debería ser el Acuerdo de San Nicolás (1852), luego del triunfo de Justo José de Urquiza sobre Juan Manuel de Rosas, más que el del Pacto de La Moncloa (1977) de España. Es que somos argentinos, latinoamericanos, y no españoles, europeos. Entonces, trabajemos "no" en contra de los Kirchner sino a favor de nuestra patria.

Esta reconstrucción para pasar al equipo de los "desarrollados" nos llevará al menos dos generaciones, si recordamos que cada una de ellas, según Ortega y Gasset, se corresponde aproximadamente con 15 años.

Argentina existió, creció y desarrolló lo que pudo casi siempre entre oposiciones no constructivas: unitarios y federales, conservadores y radicales, radicales y peronistas, peronistas y antiperonistas, militares y antimilitares. Y hoy, por mérito del equipo gobernante, al reflotar el resentimiento y antiguas pasiones, entre kirchneristas y antikirchneristas.

Tolerancia. Busquemos ese acuerdo de San Nicolás (¿y si fuese San Nicolás II?) entre todos, casi todos, con la única exclusión de los Kirchner y sus compañeros de andanzas, que son el sistema que la Argentina no quiere. No importan los asistentes al asado que convocó la Presidenta. Son veletas, personalistas, que no tienen capacidad de pensar en el bien de la patria.

Entonces, hay que llenarse de una gran cuota de tolerancia y comenzar con cuatro o cinco políticas de Estado (como en La Moncloa, como con Alberdi y los que lo sucedieron), que no son del Gobierno de turno, porque Carlos Menem y Néstor Kirchner llegaron al poder por el mismo partido peronista -votado por esa multitud de masas-, pero sin ninguna política de Estado. Hay que trabajar para un acuerdo básico que incluya:

Apertura competitiva para el comercio exterior; no sesgado por alianzas ideológicas que nos apartan del mundo.

Reglas de economía moderna.

Valorar el cumplimiento de los contratos.

Respeto del derecho internacional : contrato que se firma, contrato que se cumple; deuda que se toma, deuda que se paga.

Reforma del Estado , en especial del federalismo fiscal, con correspondencia fiscal: el que gasta debe recaudar; por supuesto, con un fondo de redistribución horizontal, para no abandonar a las provincias chicas o más postergadas.

Garantizar la libertad de expresión y no usar los medios en forma oficial.

Respetar la Justicia .

Sincerar las estadísticas.

Corrupción cero . Hoy, en algunas áreas de la Nación, existe un alto nivel de corrupción.

Respeto por el derecho y la propiedad.

Solvencia fiscal. Disminución del gasto público (¿qué es eso de que el ajuste lo hagan los que vienen?). Disminución de subsidios. Por supuesto que esto duele, pero hay que hacerlo.

En conclusión, debemos hacer el esfuerzo para lograr un acuerdo básico, no sobre objetivos, que ya se demostró que no sirvió, sino en cómo instrumentarlos.

Tiene que ver más con el cómo, y no con el qué hacer.

Es la tarea que nos falta: trabajar por esa gran empresa que se llama Argentina.