¡Gracias, Caín!
La marca más profunda de Caín radica en su voracidad adquisitiva, en su imposibilidad para aprender a ser hermano, que no es ni más ni menos que aprender la idea de “parte”.
No hay ningún error en el título. Se lo merece, y con creces. Nadie puede negar que nos ha dejado párrafos magistrales –sellados a sangre y fuego– en las primeras páginas de la Torá, al amanecer del texto bíblico. Su nombre y su nacimiento lo marcaron para siempre: "Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, diciendo: he adquirido un varón con Dios. Después dio a luz a su hermano Abel".¡Alto ahí! "Caín" viene de una raíz hebrea que significa "adquirir", y si no se entiende este concepto, se pierde gran parte de la sabiduría del texto.La marca más profunda de Caín radica en su voracidad adquisitiva, en su imposibilidad para aprender a ser hermano, que no es más ni menos que aprender la idea de "parte".Nada sorprendente es que al concepto de "adquirir" le esté adosada la idea de Dios: "He adquirido un varón con Dios", dice Eva, un cóctel explosivo.Y Caín, entonces, se nos aparece así de llano como el que va por todo, sin dejarle lugar a Abel, asesinándolo de hecho, pues no tolerará que su hermano sea el beneficiado por la predilección divina a la hora de la aceptación de sendas ofrendas al mismo y único Creador.Maravillosamente el idioma hebreo reservará la raíz trilítera "P.R.T." para denominar justamente la PaRTe, lo parcial que se constituye en requisito cuando de hermanos se trata, quienes sí o sí deberán aprender a compartir el amor paternal.Esa misma raíz indudablemente también se cuela en lo FRaTerno, sabiendo que la P y la F son –lingüísticamente– el mismo fonema.¿Por qué mató Caín?Por el todo.O todo, o nada. O todo, o nadie.Una lección brillante para todos los tiempos, en especial para todos los que buscan refugio en lo total, sin sospechar siquiera que a ese territorio nada ni nadie de lo humano accede. Y créanme que no importa el área de incumbencia, el resultado es exactamente el mismo: termina en violencia. Sucede en la política con los totalitarismos, más allá del signo que sean, ya que los totalitarios –en su afán por el todo– no dudan en matar a cualquier "parte" que se interponga en su camino.Sucede también en lo religioso cuando se mezclan los fundamentos con el fundamentalismo, y es más que evidente que ninguna tradición escapa a sus perversas garras.Los extremistas de todo tipo y color, amén del título del libro sagrado al que suscriban –más tarde o más temprano– decapitarán cuanta cabeza tengan a mano (y a cuchillo) porque, al igual que Caín, van por todo. Y todo se explica, y todo se legitima, y todo se justifica... Un verdadero peligro.Este complicado y añejo virus totalizador tampoco es ajeno al ámbito más personal, incluso cuando el amor está de por medio, y uno pretende encontrar el "todo" en el otro (ya sea en formato de hijo, de padre, de pareja o de lo que fuere).Y por más que suene romántica y bella una frase como "sos todo para mí", la verdad es que no es verdad, ni creo que debiera serlo.En todo caso, le agregaría un "casi", obviamente arrasando con el romanticismo, pero al menos dando testimonio cabal de la sanidad de sabernos todos "parte".Si cuidáramos cada "parte" y si fuéramos un tanto más fraternos, arribaríamos al milagro de encontrar en cada parte un atisbo del Todo.Sin Caín, no sé si lo sabríamos.
*Rabino, miembro del Comipaz

