Gaia no duerme
La pauperización de la corteza terrestre se vuelve inexorablemente contra el agente causante, que no es otro que el ser humano. Juan F. Marguch.
Los diputados del Parlamento de Brasil se abrazaron y festejaron luego de haber votado y aprobado un proyecto de ley que los unía por sobre sus diferencias partidarias e ideológicas. Fue una fiesta de confraternidad como raramente se da en los cuerpos colegiados representativos de la llamada voluntad popular. Notablemente, la legislación que aprobaron va en sentido exactamente opuesto a la voluntad popular. La fiesta de esos diputados es el drama de millones de hombres de buena voluntad del mundo entero, porque terminaban de perpetrar un verdadero crimen ecológico.Por aplastante mayoría, reformaron el Código Forestal Brasileño y concedieron amnistía (es decir, impunidad) a todos los que entre 2002 y 2008 perpetraron una gigantesca destrucción de la reserva vegetal de la Amazonia. Las votaciones fueron 410 a favor y 63 en contra (Código) y de 273 a favor y 187 en contra (amnistía). La decepción y la ira de quienes poseen conciencia conservacionista fueron claramente expresadas por la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, quien afirmó que si el Senado ratifica esa ley será una vergüenza para la nación frente a la comunidad internacional, que es como decir frente a la humanidad, asaetada cada día con informaciones de avances ruinosos contra ecosistemas en los cuatro rumbos del planeta, que hipoteca el futuro de la Tierra. Durante su campaña proselitista, Dilma prometió que vetaría cualquier normal legal que intente proteger a los deforestadores. Intención que acaba de confirmar, interpretando la indignación de su país y del mundo. Poder de "lobby". El lobby agropecuario brasileño posee un gravitante poder de presión política, y cuando esa presión no es suficiente, acude a la persuasión, cuyos argumentos irrefutables guardan una peculiar relación con los intereses en juego. La amnistía concedida por los diputados supone la renuncia del Estado a cobrar casi 5.000 millones de dólares de multa. Habida cuenta del éxito obtenido en la Cámara Baja, ese lobby irá seguramente por más (y con más) al Senado. La prueba definitiva de fuerza será cuando se depositen los documentos sancionados en el Planalto y Dilma Rousseff deba honrar su palabra a pesar de las presiones de su Partido de los Trabajadores, que integra la espesa coalición urdida por los grandes grupos económicos vinculados con la industria maderera y, sobre todo, con el cultivo de la soja. El autor de la iniciativa, que beneficia a las grandes corporaciones internacionales y a los latifundistas de su país, fue el diputado Aldo Rabelo, perteneciente al Partido Comunista de Brasil.La generosidad de Rabelo y asociados fue mucho más allá de la reforma del Código y la amnistía para los depredadores, porque el nuevo ordenamiento legal que analizan ahora los senadores incluye bellezas como la ampliación de las áreas de uso agropecuario, lo que supone la posibilidad de seguir talando a mansalva y expandiendo el cultivo de soja. Según cálculos de Greenpeace, "86 millones de hectáreas quedarán sin protección y podrán ser deforestadas legalmente; esta superficie supera con creces a toda la vegetación que se ha destruido en toda la historia de la Amazonia". En la campaña 2010/2011, la superficie sembrada con soja en Brasil fue de 23,19 millones de hectáreas. Para que los argentinos tengamos una idea aproximada de la magnitud del crimen ecológico, baste con señalar que en la Argentina la campaña sojera 2010/2011 cubrió más de 18,8 millones de hectáreas.El cultivo de soja es fuertemente esquilmante y requiere de una constante restitución de nutrientes (nitrógeno, fósforo, potasio, azufre), que no siempre se realiza. Con el poroto de soja que se exporta, se entrega al comprador extranjero un costoso regalo en minerales. La diosa pierde. Pero quien más pierde es la diosa Gaia: la Tierra. El físico ruso Vladimir I. Vernadsky (1863/1945) desarrolló la teoría de que el planeta acciona y reacciona como un cuerpo humano. Si es agredido con prácticas que alteran su delicado equilibrio, tarde o temprano sus reacciones por la herida recibida serán catastróficas. La pauperización de la corteza terrestre por cultivos esquilmantes, talas irracionales, prácticas de manejo del suelo que carecen del menor sentido conservacionista, se vuelven inexorablemente contra el agente causante, el ser humano. Grandes civilizaciones de la antigüedad han desaparecido así. Si los felices diputados brasileños ofrecen hoy a los depredadores otras 86 millones de hectáreas, el suelo de la Amazonia quedará más desnudo, la cobertura vegetal mínima dejará escurrir un copioso excedente de lluvia que degradará los suelos, y se iniciará un ciclo fatal de alternancia de intensas sequías y devastadoras inundaciones. Por supuesto que beneficiarios de la generosa imprevisión de los legisladores harán solemnes promesas de conservacionismo. Y quizá lo practiquen un tiempo. Lo harían mientras esperan la llegada de otra generación de generosos representantes del pueblo soberano, degenerados en representantes soberanos del pueblo, que les concederán nuevas amnistías y otros millones de hectáreas de vegetación virgen. Pero las autoridades pueden dormir y el pueblo que representan puede dormir. Pero debieran recordar que la mitológica diosa Gaia no duerme.

