Fragilidad
Cuando le preguntan a qué hora va al colegio, Juan responde “a la noche”. Como su madre lo despierta a las 5.45, él ve todo oscuro.
Cuando le preguntan a qué hora va al colegio, Juan responde "a la noche". Como su madre lo despierta a las 5.45, él ve todo oscuro. Le cuesta levantarse. Se lava la cara y los dientes y se peina. Todo rápido, porque el padre le ha dicho que tenga "cuidado con el agua marrón" que sale de las canillas desde hace un mes.Odia desayunar. Obligado, tolera una tostada y dos sorbos de leche. Él escuchó que ya no es leche, sino una fórmula química de vacas industriales, pero los expertos (y su abuela) siguen recomendando calcio. Como levantaron el corredor del ómnibus, ahora viaja en transporte escolar. A las 6.45 pasa Mabel, tan miope que no consigue licencia propia; usa la del marido. En el vehículo de 12 asientos viajan 17. "Los más chiquitos se amontonan...", confirma Mabel, "así dan los números". El trayecto es lento porque la lluvia estropeó de nuevo el asfalto. Juan quiere dormir, pero salta en una frenada; casi embisten a una moto. El conductor –que lleva a su hija atrás– los insulta; ninguno usa casco. En hora pico, los semáforos parpadean en amarillo.Juan se aburre. En lugar de clases, hay (otra) asamblea del personal para reclamar el arreglo de los baños. El Gobierno dice que la empresa no cumple los plazos. El dueño de la empresa no aparece.A mitad de mañana, Juan siente hambre. En la cantina, sólo ofrecen golosinas, facturas, fiambres y gaseosas. Todo prohibido, por su sobrepeso. Pero se tienta y, sin opciones, pide un pebete de salame. Rico, pero le retuerce la panza antes de terminarlo. Es fiambre barato, sin control bromatológico.Al mediodía, no aguanta el dolor y pide llamar a su madre. Busca señal, pero el celular no funciona. "Faltan celdas", escuchó explicar a alguien. Finalmente llama. "Mamá... hola, mamá... Soy yo, Juan... Me duele la panza... (se corta)... Sí, tu hijo, Juan... ¡Hola! ¡Hola!" (se corta otra vez).Una compañera le ofrece un calmante. Ella siempre tiene medicamentos en la mochila. "Los conseguís sin receta", explica. Juan lo rechaza, prefiere esperar. Si al menos pudiera ir al baño...Terminó el día escolar y Juan se acurruca en el último asiento del transporte. Quiere volver rápido a casa, pero ve que están detenidos. Pincharon una goma y no hay rueda de auxilio. Deben esperar al marido de Mabel. El abrigo (útil a la mañana) ahora lo sofoca.Por fin llega a casa, pasa por el baño y se desploma en el sillón. La madre está preocupada por el bebé, que sigue con fiebre, y en el dispensario sólo atienden por la mañana.El padre avisó que vuelve tarde; comenzó horas extras, para llegar a fin de mes.La madre pide ayuda con el bebé. Debe ir al supermercado. Juan le recuerda que no tiene medias de fútbol. "Si encuentro baratas..."No importa, piensa Juan, si igual no le gusta el fútbol. Siempre lo dejan en el banco, por gordo.¡Mañana le toman Matemáticas! Debería estudiar. Pero justo ahora comienza un partido por la Copa. Su madre regresa con dos bolsas y el lamento habitual: "Québarbaridálocaroquestátodo", y prende la tele. Llegó a tiempo para la novela.Juan sigue tirado, sin estudiar, sin partido... y sin contar el dolor de panza.Comen en silencio, con diálogos extraños y música turca de fondo. "¿Cómo te fue hoy?", pregunta de pronto la madre, sin mirarlo. "Bien", contesta él, apoyando la cabeza sobre las manos.Ella levanta los platos y comienza a acomodar la ropa de mañana. "Otra vez rompiste el pantalón", reprocha.Entra un mensaje del padre: "Estoy llegando". Juan ya duerme.En el noticiero de medianoche, un candidato electoral afirma con convicción que "los niños –el futuro de la patria– serán nuestra principal preocupación".
*Médico

