Fractura social e indignados
En nuestro país también existe un movimiento de indignados, que no quieren que le impongan una reelección presidencial en 2015. Julio César Moreno.
La década en curso sigue signada por grandes turbulencias, de las que no se salva prácticamente nadie, ningún país, ningún gobierno, salvo excepciones. En 2010, ya había estallado la crisis económica internacional que afectó, sobre todo, a la Europa mediterránea, pero que se hizo sentir en el mundo entero. Dicen que Europa logrará estabilizarse en algunos años más, incluida la propia España, que figura entre las cinco primeras economías de ese continente, detrás de Alemania, Francia, Gran Bretaña y compitiendo con Italia.De todos modos, no son claras las causas de esta crisis, que para algunos es un avatar del capitalismo, mientras otros opinan que se trata de que los estados democráticos tengan un mayor control sobre el flujo del capital financiero, que ha llegado a provocar estragos, como las burbujas inmobiliarias, por las que se quedaron sin casa y sin trabajo miles de personas.El movimiento de los indignados crece en todas partes. Reclama cambios de políticas y la recuperación del trabajo y el empleo. Los años dorados de la última posguerra parecen sepultados y se viven momentos parecidos a los de la Gran Depresión, de la década de 1930, que dio nacimiento a totalitarismos como el nazismo, el fascismo y el estalinismo, y que culminó en la Segunda Guerra Mundial.No estamos viviendo un momento histórico dramático como aquel, pero que el mundo está navegando por aguas turbulentas, es una verdad indiscutible. La furia del islam está reemplazando a esa Primavera Árabe en la que el mundo depositó grandes esperanzas hace unos años. Y, curiosamente, sólo la lejana China, la Rusia poscomunista y países de Europa central, como Hungría, la República Checa y Austria, atraviesan un período de relativa calma.América latina vive una crisis de otra naturaleza, que consiste, ante todo, en la persistencia de antiguos problemas, como los grandes contrastes y la desigualdades sociales, que no logran superar los sucesivos gobiernos.En noviembre, Enrique Peña Nieto asumirá la presidencia de México, lo que marca el retorno al poder del Partido Revolucionario Institucional, después de 12 años de ausencia y cuando ya parecía sumido en el ostracismo político. El 7 de octubre, habrá elecciones presidenciales en Venezuela, esta vez, con una oposición bien armada que enfrentará a Hugo Chávez, cuya "revolución bolivariana" no pudo superar los contrastes y las desigualdades, y ha creado una gran fractura social entre los venezolanos.Ese riesgo de fractura se vive también en la Argentina desde hace dos años, por la acumulación de problemas, como las crisis financieras en muchas provincias que se encuentran en dificultades para pagar sueldos y aguinaldos, y para hacer obras públicas.El gobierno de Cristina Fernández ha acentuado su embestida contra la oposición, los medios de prensa independientes y algunos grupos económicos. Pero el gobierno kirchnerista se vio sorprendido por la envergadura del cacerolazo del pasado jueves 13, que no fue protagonizado sólo por una clase media supuestamente acomodada y que quiere comprar dólares, sino también por sectores populares, jubilados y trabajadores que se sienten afectados por la inflación, que se lleva gran parte o supera los aumentos salariales.Ese jueves se comprobó que en nuestro país también existe un movimiento de indignados que no quieren que les impongan una reelección presidencial en 2015, lo que implicaría una reforma de la Constitución y del sistema republicano y pluralista, con división de poderes, libertad de prensa y rotación de diferentes partidos en el gobierno.

