El significado de ser promesa
Del argentino, decía que era un hombre admirablemente dotado que no se entrega a nada, que no ha dedicado su existencia al servicio de alguna cosa distinta de él.
Fue uno de los grandes ídolos de mi juventud. Pasé gran parte de mi carrera universitaria leyendo sus obras en la Biblioteca Mayor de la Universidad Nacional de Córdoba. El mes pasado se conmemoró el aniversario de la muerte del filósofo español José Ortega y Gasset.
Creo que bien vale recuperar su visión de los argentinos en las tres visitas que hizo a nuestro país. Recuperar para repensar, para comparar lo que escuchamos todos los días de nuestros pobres dirigentes políticos y pedirles por favor que estos pensamientos les sirvan de inspiración.
Del país. Ortega y Gasset ya nos hablaba en la década de 1930 de "la desproporción entre lo que aún es la Argentina y el ruido que produce en el mundo".
En Buenos Aires, el 6 de abril de 1924, nos dice que “estamos llenos de cosas que son sólo una: anhelo, afán, trepidación de un aparato con alas que, aun en tierra, quiere partir no se sabe hacia qué estrella”. Qué genialidad; aún seguimos así.
De la juventud. Ortega afirmaba sobre sus sospechas acerca de la disciplina interna y desconfiaba de ella.
De los propósitos. Las promesas realizadas no se cumplían, según afirmaba. Hablando de los proyectos, insistía en que "olvidamos que aún no los hemos cumplido". Ortega reflexionaba en sus disertaciones que está bien que quien es atacado se defienda, pero no entendía el "vivir en estado de sitio cuando nadie nos asedia".
Del argentino. Decía que era un hombre admirablemente dotado que no se entrega a nada, que no ha dedicado su existencia al servicio de alguna cosa distinta de él. Decía que los argentinos eran egoístas, porque sólo se interesan en sí mismos.
Hacía una tremenda afirmación: “El argentino típico no tiene más vocación de ser ya el que imagina ser. Vive, pues, entregado, pero no a una realidad sino a una imagen”. Ortega seguía diciendo en una conferencia aquí en Córdoba: “... necesita creer en esa imagen y para poder creer, tiene que obtener triunfos. Como esos triunfos no llegan, duda de sí mismo deplorablemente”.
De la moral. Afirmaba que "el hombre argentino está desmoralizado y lo está en un momento grave de su historia nacional; tiene que volver a vivir de su propia sustancia en todos los órdenes: económico, político, intelectual".
Qué hacer. Enfatizaba que había que "retraerle a la disciplina rigurosa de ser sí mismo". Cuando daba sus conferencias, Ortega explicaba que todo lo que decía era exacto respecto del porteño y tal vez no tanto respecto de los argentinos de provincia.
El mensaje final. En una de las conferencias, pronunció una frase que, en la Argentina, quedó como sello del pensamiento de Ortega: "Argentinos, a las cosas". Pero a veces fue citada fuera de contexto y pocas veces comprendida. Esto dijo Ortega: "... mi prédica les grita: ¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos... a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales..."
Comparemos con lo que vemos y escuchamos 80 años después y saquemos conclusiones. El reconocimiento a Ortega vino después de su muerte y aún no ha terminado. Por eso el título de este texto. ¿Acaso lo esencial de la vida argentina no es “ser promesa”? Creo que, por ahora, eso nos consuela.
*Profesor universitario, director de Argex.

