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El presente absoluto

Vivimos en un presente absoluto y eso parece que no cambia, pese a que estamos en vísperas de celebrar el bicentenario del primer grito de libertad. Ángel Stival.

02 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Ángel Stival (Periodista, [email protected])
El presente absoluto

En un año que vuela, asoma mayo con significación recargada por el Bicentenario de aquella Revolución pergeñada en este mes de 1810, que conmovió los cimientos coloniales del entonces Virreinato del Río de la Plata. Pero, hay que decirlo, los dejó también indemnes detrás de la supuesta máscara de Fernando VII, que, en realidad, tapaba una indecisión que recién se saldaría seis años después, a instancias sobre todo de un San Martín ansioso por cruzar los Andes, arropado por un país independiente

La memoria, atributo distintivo del hombre, nos impide pasar por alto un hito redondo en la construcción de nuestra vida en común en este "cepo geográfico", desde el que estamos obligados a partir para proyectarnos hacia cualquier parte.

Con memoria. La memoria es, en cierto modo, hacerse cargo y, por eso, un atributo que es natural del hombre causa escozores y molestias, genera olvidos y perdones, indultos y amnistías. En cierto modo, nos estamos perdonando a nosotros. Quizá por eso, a veces es tan molesto mirar el pasado. Pero allí está nuestro sentido.

Esto, que con indulgencia puede entenderse como una filosofía de la historia, no sería aprobado por Tomás Abraham (n. 1947). "La visión elaborada en el siglo 19 y materializada en la realidad de una buena parte del 20, expresada en las doctrinas del sentido de la historia, del progreso, la revolución, del hombre nuevo, el individuo libre y de la raza pura, han dejado de ser visiones para ser cálculo... Los países centrales ya no se legitiman en filosofías redentoras e invierten su caudal intelectual en diagramar posiciones de fuerza", dice en El presente absoluto .

Otro párrafo nos toca de cerca: "No sólo a los periodistas les harta la actualidad. Armar el mismo bochinche todos los días es abrumador. Un vaciadero de cabeza. Para quien lo hace ocasionalmente, a pesar de seguir el presente cada día, también es agotador. La agitación y la repetición caracterizan a nuestra realidad".

Y eso parece que no cambia, ni siquiera en vísperas de un cumpleaños tan significativo como el que deberíamos estar celebrando.