El paciente puede esperar
El paciente es un ser sufriente en diversos grados que necesita de esa atención para poder siquiera existir como tal. Sin embargo, también la paciencia permite nombrar a la facultad de saber esperar algo. José Luis Lázaro.
Desde la tradición cristiana la paciencia se considera una virtud. Paralelamente, la corriente filosófica la piensa como una actitud "estoica "que lleva al ser humano a soportar las aflicciones mundanas. Dos espacios del desarrollo de la vida social, si se pretende sobrevivir, requieren hoy más que nunca de esta virtud o actitud: la salud y la educación. En términos generales, ninguna persona que adolece de una enfermedad y es asistida, se cura de la noche a la mañana; de la misma forma, alguien que no sabe y a quien se le enseña adquiere dicho conocimiento en ese mismo período de tiempo. En ambos casos, como sujetos, nos constituimos en pacientes, capaces de elaborar la espera en un período cargado de experiencias, de avances y de retrocesos, de sacrificios, de renunciamientos y, fundamentalmente, de un trabajo que incluye la "capacidad de espera" del enfermo y del que aprende, de quien cura y de quien enseña.Así, los lazos de una comunidad están signados por una suerte de retroalimentación que nos trasforma a todos en pacientes; pacientes para curar, para enseñar, para curarnos, para aprender. Sin embargo, los distanciamientos sociales, culturales, económicos, fundamentalmente, nos ubican muchas veces en posicionamientos que de manera arbitraria no satisfacen la demanda de los colectivos sociales hacia la salud y hacia la educación, y la espera se transforma, para muchos, en un infierno En ambos campos, el de la salud y el de la educación, la vertiginosidad y la brevedad de las relaciones y la fragilidad de los vínculos, la precariedad presupuestaria, entre otros, parecieran ir en contra de las posibilidades de garantizar en esa espera la seguridad de alcanzar alguna meta. Con esas limitaciones, y seguramente con otras más, persiste la existencia del "paciente", configurado en un otro que lo "atiende". Sin esa atención no habría tal paciente. Y en esta existencia, la espera se torna esperanzadora, cobra sentido.Atender etimológicamente nos viene de la construcción latina ad (proximidad), y del verbo tenderé (tender o estirar), lo que vendría a significar, "estirarse hacia ", y del mismo verbo luego, extender, entender. En tanto paciente proviene del verbo latino patí , patior , sufrir. Así pues, el paciente es un ser sufriente en diversos grados que necesita de esa atención para poder siquiera existir como tal. Sin embargo, también la paciencia permite nombrar a la facultad de saber esperar algo. Hace tiempo que lo terapéutico y lo pedagógico han sido denostados por sobre una desmedida ocupación administrativa y funcional a una maquinaria burocrática que imposibilita el hacer específico en hospitales y escuelas. De este modo, en estas instituciones donde debiera circular una fuerte concepción antropológica que construya al hombre como paciente, la realidad de los papeles asfixia muchas posibilidades de dicha realización. En ambas esferas, la dimensión administrativa socava de manera alarmante el hecho de estar con el "paciente"; es estar entre nosotros. Todavía así, el paciente puede esperar. ¿A qué costo?

