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El muro inútil

Todos los mecanismos que los humanos hemos diseñado a lo largo de los siglos para protegernos en algún momento fracasaron.

21 de julio de 2016 a las 12:01 a. m.
Natalia Brusa*
El muro inútil

Puede ser la frontera, la medianera, el alambrado, la pared, la cerca, la muralla, el muro, incluso la propia piel. Todos representan el límite entre lo que nos es propio y lo que no lo es.La medianera resguarda nuestra intimidad.El alambrado cuida que no se escape lo mío y que no ingrese lo tuyo.Los barrios cerrados reconstruyen una falsa seguridad, la loca contradicción de una libertad perimetrada.Donald Trump propone construir un muro que deje afuera a los que quieren entrar a los Estados Unidos, mientras que nativos norteamericanos masacran a sus pares en locales bailables y exmarines se convierten en francotiradores de policías.Inglaterra abandona la Unión Europea y los países refuerzan controles en la frontera, mientras un camión de helados se transforma en un arma letal que tiñe de sangre la Bahía de los Ángeles, en Niza.Todos los mecanismos que los humanos hemos diseñado a lo largo de los siglos para protegernos de aquello que consideramos peligroso para nuestra propiedad, nuestra libertad, nuestras creencias y nuestra manera de vivir han fracasado en el corto o en el largo plazo.Resulta que los alambrados se traspasan, las murallas se saltan, los cercos se vulneran, las fronteras se quiebran. No hay método infalible para protegernos del odio, de la violencia, del rencor, ni siquiera del miedo que nos genera aquello que es distinto.Porque el odio, como el amor, no deja de ser una fuerza.El verdadero enemigo no está afuera, sino que anida en la intolerancia, en el autoritarismo y en la visión unilateral y dogmática de lo bueno y de lo malo.Está en la pobreza, en la falta de oportunidades, en los sistemas de exclusión, en los conflictos apoyados y alimentados y en el nulo valor que se le da a la vida, en toda su diversidad.Mientras más perfeccionemos nuestra protección hacia lo distinto, más reforzaremos la diferencia y más peligroso será el peligro.Mientras construimos muros más altos, fronteras más seguras, límites hipervigilados, botones antipánico y cercos de seguridad, el verdadero enemigo siempre queda de nuestro lado.No importa cuán alto sea el muro, cuán sofisticado sea el sistema de monitoreo ni cuán inteligentes sean los servicios de inteligencia.El verdadero enemigo acecha detrás de la última frontera, porque se parece demasiado a nosotros mismos. Se esconde detrás del límite original, que es el de nuestra propia piel. * Periodista.