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El juego de las sombras

Voceros del mundo de las finanzas, allegados a Maidana, cuentan que el presidente del Banco de Córdoba se fue de CBI porque no le tenía confianza a Eduardo Rodrigo. Sospechaba que la firma se transformaría en algo diferente, es decir, en una mesa de dinero.

23 de febrero de 2014 a las 02:09 p. m.
El juego de las sombras

El enigmático crimen de Jorge Suau puso en crisis a todo un sistema de relaciones entre una buena cantidad de hombres con poder real. En realidad, puso al descubierto un tejido oscuro, casi perverso, del cual siempre se sospecha pero casi nunca se puede observar con claridad.Las cartas que al parecer dejó Suau revelan que en este laberíntico juego hubo nombres de mucho peso, algunos de los cuales salieron públicamente a deslindar responsabilidades.En la carta al camarista federal Ignacio Vélez Funes y al fiscal federal Enrique Senestrari se menciona y se acusa a funcionarios provinciales y a ex y actuales funcionarios de la Municipalidad de Córdoba.Uno de los principales apuntados por la opinión pública durante los últimos días fue el presidente del Banco de Córdoba, Fabián Maidana. Preocupado y temeroso de que los trascendidos se convirtieran en una bola de nieve imposible de detener, el gobernador José Manuel de la Sota dio instrucciones al banquero para que se desvinculara si se considera inocente.Tiene la palabra Maidana hizo un raid mediático durante toda la jornada del viernes pasado para intentar despegarse de las acusaciones de Suau y eliminar las sospechas de la opinión pública. Exhibió algunos documentos para probar que él, si bien fue uno de los fundadores de la financiera CBI, vendió todas sus acciones (10 por ciento) en 2009.Contó que llegó al grupo de la mano de Mariano Barrera, hijo del expresidente de Instituto Juan Carlos Barrera, titular de la transportadora de caudales Bacar.Con los Barrera, también integró una sociedad en Villa María, en la empresa VMS, de la cual dijo retirarse en los primeros días de diciembre de 2011, poco antes de asumir en la entidad crediticia oficial de la provincia.CBI tenía cajas de seguridad, pero la sospecha es que, en realidad, eso era una máscara para ocultar una mesa de dinero. Maidana no habla, o dice públicamente que cuando estuvo él se trataba de un negocio con poca rentabilidad y mucho esfuerzo y que se circunscribía a las cajas de seguridad.Por eso, rechaza por completo haber dejado "representantes" (testaferros) en la empresa.Allegados al funcionario delasotista relatan, sin embargo, que la verdadera razón por la que Maidana se alejó de la financiera fue la designación de Eduardo Rodrigo en la conducción de la firma. "No le gustaba Rodrigo y sospechaba que quería convertir el lugar en una mesa de dinero; por eso vendió su parte y se retiró", precisan los allegados.Hoy Rodrigo no está para replicar o dar su versión. Como se informa en la página A2, habría elegido instalarse fuera del país en estos días calientes. Y no acepta contactos con periodistas.Existen, como ya se dijo, exfuncionarios y funcionarios de la Municipalidad de Córdoba mencionados en la nota que Suau habría escrito antes de morir.Por la parte que le toca, el intendente Ramón Mestre recogió el guante y, desde Rusia, dio instrucciones de que el municipio se presentara en la Justicia y se pusiera a disposición. Hasta el momento, no se conocen medidas judiciales sobre el punto.Se alquila Uno de los motivos que se argumentan para explicar la supuesta corrida financiera es que a CBI no se le renovaría el contrato de alquiler en el complejo Dinosaurio Mall, que vencía el 30 de abril. Sin dudas, tal argumento se desploma por pueril. Poco antes del trágico episodio, Suau había hecho un casting de locales comerciales que se ajustaban a las características de su negocio: uno está ubicado en Villa Belgrano, en una avenida con un acceso rápido. De todas maneras, este inmueble no lo terminaba de convencer porque debía hacer una serie de modificaciones importantes para adaptar los mecanismos de seguridad que se exigen legalmente para la custodia de cajas de seguridad.El otro local está ubicado en un paseo comercial próximo al lugar en el que funcionó la firma hasta hace unos pocos días.Evidentemente, el hecho de que CBI se quedara sin el local del Dino no constituía un problema. Todas las fuentes financieras consultadas y voceros judiciales y policiales coinciden en un punto, que es casi obvio: la empresa quedó entrampada en una corrida. Alguien decidió tumbarla y la vaciaron.Existe la firme sospecha de que los damnificados son mucho más de los que ahora se han presentado en la Justicia para reclamar. "Son muchas más personas y empresas, y mucho pero mucho más poderosas que las que denunciaron. Se podría decir que sólo dieron la cara los 'perejiles'", razonan desde el entorno de la financiera.Fuentes judiciales cuentan que el derrumbe de la empresa gemela ubicada en Villa María perjudicó a numerosos ahorristas, entre ellos "notorios personajes de la ciudad que nunca dirán una palabra en público".Algunas fuentes del ambiente financiero e inversores que no se atrevieron a dejar su dinero allí afirman que CBI pagaba un dos por ciento de interés mensual en dólares, lo que supera de manera sideral lo que los bancos abonan en la plaza Córdoba.Doble vía La investigación judicial tiene una doble vía: la muerte de Suau, causa que está en manos del fiscal de Instrucción provincial Emilio Drazile, y el supuesto lavado de dinero, a cargo del fiscal federal Senestrari.Drazile y Senestrari se llevan bastante mal, lamentablemente, lo cual, por más esfuerzos que hagan, es una complicación.Ya trabajaron juntos (y teóricamente lo siguen haciendo) en el caso de la muerte del policía Juan Antonio Alós, y la convivencia laboral fue muy floja. Sólo hubo críticas cruzadas, cada vez más fuertes.Ahora, volvieron a quedar cruzados en un caso resonante. De momento, no hay batalla mediática, pero Senestrari ya comenzó a quejarse de su colega, lo cual, sin dudas, no es bueno.El fiscal federal allanó la sede de la financiera ubicada en el Dinosaurio. Lo hizo una semana después de que el cadáver fuera encontrado. Si no hubo antes algún procedimiento secreto o que no fuera informado, pareciera que el desembarco de efectivos de la Policía Aeronáutica tuvo los movimientos de una tortuga."En seis días, en ese local te pueden dibujar hasta la bodega de Lázaro Báez", indicó un experimentado investigador policial.También sorprende que hasta ahora no se haya informado ninguna medida para citar, o al menos para ubicar, al presidente de CBI, Eduardo Rodrigo, oculto por propia decisión, según se dijo tras haber recibido amenazas de muerte él y su familia.Senestrari viajó dos veces a Buenos Aires en la semana, seguramente a coordinar acciones con la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac), a cargo de su excolega Carlos Gonella, que también tomó cartas en el asunto.El gran desafío es determinar si Suau se quitó la vida, si lo indujeron a hacerlo o si lo mataron. La familia y los amigos del financista muerto se inclinaban por la primera hipótesis, pero en los últimos días, especialmente en el entorno de amigos, fue variando la posición.Dos cartas manuscritas encontradas en el interior de la camioneta contendrían elementos importantes. Y para determinar el listado de supuestos inversionistas, el disco duro de una computadora ubicada en una casa de un barrio del sur de la capital provincial tendría jugosas pruebas.Se dijo que ya se allanó un domicilio de la zona. Ojalá la pesquisa se haya adentrado en el corazón de la PC correcta.Por el momento, sobran conjeturas y faltan precisiones.