El futuro de la integración
La patria grande no se declama y la política simbólica y cortoplacista sólo posterga las posibilidades de obtener una verdadera integración. Orlando Víctor Arduh.
Desde fines del siglo pasado el Mercosur constituye el bloque regional latinoamericano que mantiene relaciones más estrechas con la Unión Europea (UE). El paso siguiente era un acuerdo interregional que fortaleciera las relaciones existentes y renovara la asociación estratégica entre ambas regiones, centrada en la innovación y la tecnología como motores del desarrollo sostenible y la integración social. Después de años de trabajo preparatorio en 2004, las negociaciones se interrumpieron sin demasiadas explicaciones. Si bien hubo importantes avances en el diálogo político, incluida la propuesta de crear una asamblea parlamentaria euro-latinoamericana, quedaron truncados los proyectos conjuntos en materia de energías renovables, infraestructura, ciencia y tecnología.En Madrid, durante 2010, se retomó el diálogo con vistas a la reapertura de las negociaciones. Ya pasados dos años, estamos en un momento crucial para definir los futuros contornos y alcances del acuerdo birregional.Desde la UE se adjudican las dificultades a la política exterior de Argentina, el apoyo de políticas proteccionistas y la falta de adecuación normativa de Venezuela.Además, existe una controversia comercial, con demandas mutuas entre países miembros de la UE contra Argentina ante la Organización Mundial de Comercio. Otras trabas provienen de la política de importaciones del secretario de Comercio Guillermo Moreno y sus formas (no muy democráticas, ni muy diplomáticas), del cepo cambiario y de la falta de seguridad jurídica. Por su parte, desde la Cancillería argentina también se escuchan reclamos hacia las políticas económicas de la UE, en particular referidas al ingreso a Europa de productos agrícolas, afectados por la Política Agraria Común (PAC). En pocos días, en Santiago de Chile se reunirán representantes de los 33 países de la Celac (América latina y el Caribe) y los 27 de la UE. Quizá sea una de las últimas chances para saber si existe un genuino deseo de avanzar en la construcción de un acuerdo.Se podrá avanzar hacia un compromiso con el multilateralismo, definir intereses comunes o, por el contrario, decretar el final anunciado de una negociación que no sólo tiene alcances económicos y políticos. Incorpora nuevos desafíos en el campo de los derechos humanos y la lucha contra la violencia de género.Una nueva frustración seguramente llevará el interés europeo hacia otras áreas (India, Japón o Estados Unidos). Es probable que busque acuerdos por fuera del Mercosur con Brasil, que representa más del 70 por ciento del mercado regional latinoamericano.Si bien, en principio, Brasil no podría prosperar en esa dirección, sus autoridades no basan su política exterior y económica en un relato de nostalgia y violencia, sino en la realidad y el progreso. En algún momento deberán negociar con la UE, que sigue siendo el principal inversor extranjero en la región, con 385 mil millones de euros de inversión extranjera directa. Aquel bloque que soñó Raúl Alfonsín podría no resultar indispensable para nuestros socios en el desarrollo de todo su potencial económico global. Entretanto, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner deberá comprender que la patria grande no se declama y que la política simbólica y cortoplacista sólo posterga las posibilidades de obtener una verdadera integración latinoamericana. Otra vez se dejan pasar oportunidades históricas de alcanzar un verdadero desarrollo económico y social en Argentina y la región en su conjunto.

