El faraón de Egipto, el papa Francisco y el Mundial
La misma forma de una cúpula, pero invertida, es sobre la que se sustenta la forma de una copa.
Algunos pensarán que me fui de copas al titular estos párrafos. Debo admitir que no están tan errados. Es que, si queremos llegar a la copa en el Mundial, no estaría mal empezar por darse cuenta de dónde viene el asunto. Indudablemente, ello no nos garantizará su obtención, algo que por supuesto dependerá del nivel de juego de nuestra poderosa selección. Sin embargo, saber el origen de la palabra "copa" podría hasta incluso ser algo "copado", ¿verdad? Fíjense si no es interesante descubrir cuál es la característica principal que comparten los siguientes vocablos castizos (podríamos hacer un ejercicio similar con otros idiomas...): copa, capa, capitán, capital, caperucita, capó, cúpula, capo, capataz, cupo, ¡y la lista puede seguir!La idea que subyace paradójicamente "por debajo" de estos conceptos es que se trata de todo aquello que "está por encima". ¿No es eso lo que hace una capa, una caperucita o un capó? ¿Hay algo más alto que una cúpula, que un capó, un capataz o un capitán? ¿Serán estas líneas de capital relevancia? ¿Llegarán tal vez al cupo de interés de nuestros lectores? El secreto se halla en una antiquísima raíz hebraica originada en dos letras: una llamada "kaf" (una especie de "k" que suena igual a la letra "c" cuando le siguen las vocales "a", "o" y "u") y una letra "pei" (con el sonido de la "p", aunque a veces también como una "f"). De allí que esa lista de palabras involucre en sus dos primeras sílabas a una "c" y a una "p". Donde se nota más es en la palabra "cúpula", pues es esa forma la que le da origen al resto de los vocablos, ya que si uno imita con su propia mano el diseño de una cúpula, percibirá que se trata de algo que se destaca sobre el resto.Supongo que a esta altura no se sorprenderán al notar que el "gorrito" que llevo todo el día sobre mi cabeza (algunos judíos lo reservan sólo para momentos de culto) se denomina "kipá", lo que demuestra esa raíz lingüística y a la vez el origen de la costumbre por la cual el Papa –y los cardenales, y los obispos y, a veces, los sacerdotes– también tiene su cabeza cubierta.La misma forma de una cúpula, pero invertida, es sobre la que se sustenta la forma de una copa. Así que, ya aclarado el punto, dediquémonos por unos instantes al faraón.Necesitamos recurrir al capítulo 40 del libro del Génesis y toparnos con José, aquel que fuera vendido como esclavo por sus hermanos por una cuestión de celos, y que terminara preso en Egipto, falsamente acusado de acoso sexual por la mujer de un ministro del faraón que pretendió –en vano– seducirlo.En el calabozo, le tocó interpretar los sueños de dos compañeros, y el jefe de los coperos del reino le contó de una vid con tres brotes, cuyas uvas exprimía en la copa del faraón. José le dijo: "Los tres brotes son tres días. Al cabo de tres días, el faraón te restituirá en tu puesto, y darás la copa en su mano al faraón, como solías hacerlo cuando eras su copero".La Torá afirma que la predicción se cumplió y que la interpretación fidedigna de aquel sueño y del faraónico sueño de las vacas flacas y las vacas gordas hizo que José fuese nombrado como el segundo del imperio.Pero hasta aquí llegan los paralelismos. Porque cuando del Mundial se trata, la copa con la que soñamos los argentinos está claro que no es la del segundo puesto.
*Rabino, integrante del Comipaz

