Una prueba para el Estado
La denuncia de los vecinos de Bella Vista sobre la venta de droga en ese barrio de la Capital es un desafío para implementar políticas de integración contra las adicciones y para combatir el narcotráfico.
En barrio Bella Vista, a corta distancia del casco histórico de la ciudad de Córdoba, un grupo de vecinos detectó 17 puntos de venta de droga al por menor diseminados en unas pocas manzanas. Todos ellos se encuentran en un radio de apenas 10 cuadras. Pastillas, cocaína, marihuana. Se pueden comprar distintas sustancias y a muy diferentes precios. Los consumidores no sólo son personas mayores de edad: hay mucho consumo entre adolescentes.A eso se suma una fuerte e inocultable vinculación entre el consumo y la violencia. Es muy fácil para los jóvenes acceder a un arma de fuego, y los vecinos también han detectado a uno de sus proveedores.El resultado: las bandas dirimen sus discusiones a los tiros, a cualquier hora del día. La tasa de asesinatos en el sector es relativamente alta. Este diario informó sobre al menos nueve asesinatos en los últimos dos años; los vecinos hablan de adolescentes "empastillados" que cometen arrebatos.Hay dos razonamientos de los habitantes del barrio que esperan respuesta. El primero es cómo puede ser que si ellos saben a la perfección quién vende drogas y quién vende armas, la Policía no lo sepa. Si lo supiera, actuaría; y si actuara, habría detenidos y otros se fugarían del barrio, de modo que disminuirían rápidamente ambos comercios ilegales.El otro razonamiento apunta a dimensionar el problema social: si el Gobierno hiciese un censo, dicen, se daría cuenta de que, como mínimo, un miembro de casi todas las familias del barrio es adicto a las drogas.El círculo vicioso se dibuja solo: el adicto necesita un consumo permanente; para eso requiere disponer de dinero. Si no lo tiene, lo robará o lo conseguirá vendiendo droga a otros. El ladrón adicto tiende a usar armas y a ser más violento en su actuar delictivo; el adicto que vende droga tiende a endeudarse con su proveedor, porque su consumo supera sus ventas, lo que genera una nueva espiral de violencia.Que todas o la inmensa mayoría de las familias de un barrio cualquiera estén inmersas en ese círculo vicioso significa que el narcomenudeo, la drogadicción y la violencia son los reguladores de la vida familiar y social.Por eso, ya no extraña que sean muchas las familias que han hecho de la venta de droga su medio de subsistencia.Si los gobernantes y los políticos que aspiran a sucederlos de verdad quieren hacer algo contra el flagelo de la droga, en el barrio de Bella Vista tienen el lugar ideal para demostrarlo. Allí pueden poner a prueba sus políticas de seguridad y de contención social. Toda la zona se los agradecerá. Ahora, si no lo hacen, toda la sociedad sabrá que sus palabras son vanas.

