Una comparación inaceptable
Las declaraciones del presidente de Ecuador, en las que relativizó el atentado a la Amia, y su posterior negativa a retractarse implican una falta de respeto a las víctimas, a sus familias y al país.
En su breve paso por la Argentina, la semana pasada, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, realizó nuevas y preocupantes declaraciones de apoyo al régimen iraní de Mahmud Ahmadinejad. Lo que resulta lamentable e inaceptable, bajo todo punto de vista, es que, al hacerlo, le quitara significación al atentado contra la Amia y, ante la posibilidad posterior de reflexionar sobre una declaración tan inoportuna, haya reafirmado su posición al sostener que él entiende que no debe disculparse por sus dichos.Correa, recordemos, visitó el país a mediados de la semana pasada para recibir un premio de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, acto en el que no se privó de criticar a la prensa. En una entrevista, defendió al régimen iraní y la periodista que lo entrevistaba le recordó el atentado contra la sede de la mutual judía en Buenos Aires, en 1994, y los esfuerzos realizados por el país para que Irán acepte extraditar a los acusados por la Justicia nacional."Conozco ese caso –respondió el presidente ecuatoriano. Es muy doloroso para la historia argentina, pero vea cuántos murieron en el bombardeo de la Otan a Libia. Comparemos las cosas y veamos dónde están los verdaderos peligros; no debemos manipular".La comparación es inaceptable por el sentido que la guía. No hay muertos que valgan más que otros, del mismo modo que no hay un "peligro verdadero" fuera del mundo musulmán y un "peligro ficticio", creado por una manipulación informativa, en su interior.Pero no quedaron allí las declaraciones de Correa. Curiosamente, el Gobierno argentino se mantuvo en silencio.En cambio, la comunidad judía, a través de varias de sus instituciones, trató de que el presidente reflexionara, con el objetivo de que entendiese que su declaración había sido desatinada y, en consecuencia, pidiera las disculpas del caso.El resultado fue exactamente el contrario. Correa le advirtió a su embajador en Buenos Aires: "No siento que deba disculparme. No creo haber injuriado a nadie y no voy a pedir disculpas por algo de lo que yo no me siento culpable".Según la Real Academia Española, es culpable la persona "a quien se imputa una acción u omisión ilícitas por haberlas cometido de forma deliberada o con negligencia de sus deberes".Desde este punto de vista, no parece que el presidente de Ecuador pueda exculparse del modo que lo hizo. Por el contrario, aun si la palabra "culpable" resulta excesiva y se prefiere reemplazarla por "responsable", es evidente que Correa ha decidido no retractarse porque considera que está en su derecho realizar tan lamentable comparación entre los muertos de sus aliados y de quienes no lo son, sin importarle la memoria de las víctimas, que eran argentinos.

