Una ciudad abandonada
La ciudad de Córdoba fue inundada por líquidos cloacales ante otra demanda del gremio municipal, de ésas que ya tienen hartos a los ciudadanos, como la protesta por el traslado de personal.
En la ciudad de Córdoba se vienen sucediendo diferentes problemas que afectan la prestación de servicios esenciales y que trastornan la vida de miles de personas y la actividad en la segunda urbe del país.
Son frecuentes los paros sorpresivos en la atención de las distintas oficinas municipales o en el servicio urbano de transporte, cuya prestación depende en gran parte de la propia Municipalidad capitalina.
La consecuencia es la misma: miles de ciudadanos no reciben la atención adecuada para solucionar sus problemas o para realizar sus actividades, que suponen un crecimiento de la ciudad, mientras miles de pasajeros se quedan de a pie y no pueden volver a sus casas o llegar a sus lugares de trabajo, hospitales o escuelas.
Otras veces, son las roturas de las tapas de las alcantarillas por las que discurren los líquidos cloacales, que han llegado a inundar cuadras enteras del casco céntrico y varios barrios de la ciudad, afectando la salubridad de sus habitantes y de cientos de locales comerciales.
Los desbordes de las cloacas que se registraron la semana pasada se extendieron por dos o tres días, según los casos, y se debieron a una medida de fuerza de los trabajadores de la Dirección de Obras Sanitarias de la Municipalidad de Córdoba, que alegaban que no se les habían pagado las horas extras que se debían haber abonado con el sueldo de mayo.
La obstrucción que más daño ocasionó se produjo en la esquina de Obispo Trejo y 27 de Abril, donde los efluentes se esparcieron por ambas calles y anegaron los locales comerciales ubicados en la recova de Las Teresas. También se registraron en el cruce de las avenidas Colón y Sagrada Familia y en una de las plazoletas del Buen Pastor, además de en otros puntos de la ciudad.
Buena parte de la ciudad de Córdoba fue entonces bañada por la inmundicia, maloliente y altamente contaminante. Según un informe del Foro Ambiental Córdoba, "las aguas cloacales son portadoras de bacterias que generan trastornos que van desde fiebre, náuseas, retortijones, vómitos y calambres, hasta enfermedades entéricas y pulmonares graves. También pueden ser vías de transmisión de diversos virus, como afecciones intestinales, poliomielitis y hepatitis A".
Se ha llegado, pues, al colmo. Lo grave de todo es que los desbordes se originaron en un conflicto gremial, en una repartición que pertenece a un municipio que destina el 60 por ciento de sus recursos al pago de sueldos. También es incomprensible la generalización de un conflicto por el traslado de inspectores municipales, que amenaza con paralizar otra vez todos los servicios.
Los cordobeses son permanentemente agredidos por un municipio cuya gestión no se caracteriza por su eficiencia y por un gremio que agrupa a empleados cuyos sueldos se cuentan entre los más altos del sector público.

