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Un sermón fuera de tiempo

El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, volvió a levantar polémica con manifestaciones que pretenden dar clase de moralidad y educación sexual desde una prédica extemporánea y ultraconservadora.

26 de agosto de 2016 a las 12:01 a. m.
Un sermón fuera de tiempo

El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, volvió a levantar polémica con manifestaciones que pretenden dar clase de moralidad y educación sexual desde una prédica extemporánea y ultraconservadora. Si bien sus habituales sermones correctivos no tienen ningún anclaje en la realidad social, cobran repercusión pública toda vez que se trata de un prelado que ostenta un cargo de jerarquía en el seno de la Iglesia Católica. En una columna de opinión publicada el pasado martes en el diario El Día , de La Plata, Aguer se enredó en conceptos disparatados y fuera de lugar que detonaron el repudio hasta del propio Gobierno nacional. Con un lenguaje reñido con el rol pacificador de un pastor católico, Aguer dijo que la "cultura fornicaria se va extendiendo sin escrúpulos" y le atribuyó "combinaciones antinaturales" al matrimonio igualitario y a la adopción de hijos por parte de parejas homosexuales.Habría que avisarle al arzobispo platense que su discurso desnuda un desconocimiento palmario de las normas vigentes en la Argentina desde julio de 2010, cuando el Senado de la Nación convirtió en ley la unión civil entre personas de un mismo sexo y la adopción homoparental.Como era de esperar, el derrape de Aguer mereció el rechazo de sectores sociales, políticos y de la cultura. Desde el Gobierno nacional, el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, refutó la posición "autoritaria y discriminadora" del controvertido religioso.En su columna de opinión, Aguer incluso descalificó la entrega de preservativos en la Villa Olímpica de los recientes Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, una opinión que no es novedosa en su pluma y su verba anticuada y que ya había generado polémica años atrás. En efecto, en 2005 llegó a advertir sobre la "intolerancia" y el "fundamentalismo" del entonces ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, por la distribución de preservativos entre alumnos de una escuela de La Plata.Por aquellos días, Aguer había pontificado también que la instrucción sexual que se da en las escuelas públicas y privadas (y aun del sistema educativo católico) es una incitación a la "fornicación, a la lujuria y a la promiscuidad".Ahora vuelve a impartir cátedra sobre la "deshumanización del eros" y otros comportamientos de los que se escandaliza; pero, por cierto, sin alusión alguna a los casos de curas acusados en todo el mundo (y, de hecho, algunos con condenas judiciales en la Argentina) por abuso sexual infantil.La libertad de opinión debe ser respetada en todos los ámbitos de la vida pública, pero la Iglesia Católica como institución podría revisar si las esporádicas irrupciones de Aguer no van en contra de la pregonada evangelización.