Un pedido riesgoso
El pedido del mandatario argentino, realizado durante su visita a Brasilia, podría leerse como una respuesta a los duros cuestionamientos que el caso de Gustavo Arribas, titular de la Agencia Federal de Investigaciones, ha motivado. Macri pidió a la Corte de Brasil los nombres de la trama local
En lo que podría ser claramente apreciado como un contragolpe, el presidente Mauricio Macri pidió esta semana al Tribunal Supremo Federal brasileño la pronta difusión de los nombres de los argentinos involucrados en el caso Odebrecht, la parte hasta ahora más visible del iceberg conocido como “Lava Jato”, que viene haciendo rodar testas coronadas en el vecino país.
El pedido del mandatario argentino, realizado durante su visita a Brasilia, podría leerse como una respuesta a los duros cuestionamientos que el caso de Gustavo Arribas, titular de la Agencia Federal de Investigaciones, ha motivado, Pero llega, además, en el curso de un verano que parece haber sido particularmente duro para el Gobierno nacional, con el citado caso Arribas; las infortunadas apreciaciones de Juan José Gómez Centurión; el traspié por el decreto de necesidad y urgencia referido al nuevo régimen de las ART; la escasa pericia de la Secretaria de Comercio en su intento de transparentar precios; las nuevas subas tarifarias y la escalada de tensión con la CGT.
El Gobierno que debutó hace 14 meses necesita demostrar que no es más de lo mismo y el caso Arribas es una buena oportunidad, máxime tras la falta de reflejos mostrada cuando el mismo Presidente se involucró en la defensa de un funcionario que tardó en hacer sus deberes y parece estar un poco flojo de papeles.
Con todo, Mauricio Macri no debería ignorar que es la Cancillería argentina la que debe tramitar los exhortos requeridos por la Justicia al hermano país y que la Unidad de Información Financiera (UIF) no puede formalizar tramite alguno en la materia sin autorización del Ejecutivo, todo un contrasentido que vuelve a encuadrarnos en el reino de la paradoja, una pasión nacional.
Y el caso Odebrecht no es uno más en el largo historial de la corrupción latinoamericana: como una pandemia, sus alcances abarcan países de este y de otros continentes. Que el gobierno de Michel Temer quisiera que termine, tema en el que ha puesto no poco empeño. Y porque sus esquirlas tienen un alcance casi ilimitado, tal como podrían atestiguarlo algunos argentinos, hoy un tanto preocupados.
Porque es una pandemia, el caso hermana a Arribas con la empresa Iecsa, de Angelo Calcaterra, demasiado cercano al mismísimo Presidente y a los gasoductos que intenta construir el Gobierno cordobés. Demasiadas complicaciones.
El caso Odebrecht ha puesto en primer plano la naturaleza profunda de los males que nos aquejan y demuestra, a la vez, que algunos jueces, cuando quieren, pueden. Por ello, no sólo el Gobierno nacional debería mostrar que no es más de lo mismo. Otros deberían empeñarse en la misma dirección.

