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Un llamado de atención

Más allá de la cifra de adherentes, la reacción de usuarios del transporte urbano a través de redes sociales es una alerta sobre las desmesuras de ciertas acciones gremiales y empresariales.

15 de mayo de 2012 a las 12:01 a. m.
Un llamado de atención

Luego del intempestivo y exagerado conflicto en el transporte urbano de la ciudad de Córdoba entre el lunes y miércoles de la semana anterior, comenzó a gestarse una reacción de los usuarios, que tuvo ayer su mayor manifestación práctica. Si bien en jornadas anteriores ya se habían producido algunas demostraciones, las de ayer, que incluyeron rehusarse a pagar el boleto urbano o no usar los colectivos, fueron coordinadas por miles de usuarios que a diario se valen del transporte público para realizar sus actividades y organizar sus vidas. La justa indignación de la sociedad tuvo que ver con los múltiples gastos e inconvenientes que provocó el paro –el de mayor duración de los últimos años–, además de la forma en que éste se resolvió. La mayor parte de los fondos que se requieren para cumplir el acuerdo, que las autoridades municipales estimaron en más de 35 millones de pesos, saldrá de las arcas del Palacio 6 de Julio, a través de subsidios a las tres prestatarias del servicio, dos de ellas privadas. En definitiva, la mayor carga tributaria que soportan los ciudadanos desde este año irá a parar a un grupo de choferes que no dudó en paralizar el servicio, sin ofrecer alternativas válidas para la solución del conflicto ni prestar recorridos de emergencia, como lo hacen los sindicatos más modernos del mundo, a los que dicen imitar en sus peticiones.La reacción en medios de comunicación y redes sociales es una advertencia sobre las concesiones que autoridades provinciales y municipales realizaron para zanjar este conflicto, así como para la conducta por momentos irracional que mostraron líderes gremiales y empresarios.Las protestas de ayer fueron una especie de catarsis para los sacrificados usuarios de un servicio que carece de la más mínima garantía y puntualidad. Si bien esta reacción fue parcial y en muchos casos inocua, constituye, no obstante, un embrión que funcionarios, sindicalistas y activistas deberán sopesar en ocasión de otros reclamos.El mensaje no puede ser evaluado por la cantidad de personas que decidieron finalmente no subirse a un transporte público o no pagar el boleto. Se trata de algo más profundo, sobre lo que convendrá indagar para conocer los límites de tolerancia social que derivan en medidas novedosas que, por supuesto, no pueden tomar a la violencia como bandera. De lo que se trata es de valorar en su justa dimensión el reclamo de miles de usuarios. Los nuevos modos de comunicación plantean nuevos vínculos entre emisores y receptores, que rápidamente conducen a la modificación de conductas sociales. Otra huelga salvaje del transporte público o decisiones sin sentido que afecten a una ciudadanía demasiado sensibilizada puede dar pie a reacciones impensadas hasta poco tiempo atrás.