Talento y lectura del pasado
La asunción de Christine Lagarde en el FMI, una funcionaria de excepcional talento, no puede ocultar la responsabilidad del Fondo en las funestas crisis de la década de 1990.
No puede sorprender la llegada de la ministra de Finanzas de Francia, Christine Lagarde, a la cima del Fondo Monetario Internacional (FMI), quien hoy asumirá formalmente sus nuevas funciones. Desde que fueron creados el Banco Mundial y el FMI, por las conferencias de Bretton Woods, en 1944, los cargos de máxima jerarquía son ejercidos siempre por estadounidenses y europeos, respectivamente. Por si había alguna duda de que esa regla no escrita podría ser alterada, esa posibilidad quedó totalmente descartada cuando Estados Unidos, China, Rusia y Brasil se pronunciaron por la funcionaria gala. Apoyos demasiado fuertes, logrados tanto por la formación profesional de excelencia de Lagarde como por la línea que aplicó en la conducción de la economía francesa desde el estallido de la crisis financiera mundial: realismo extremo y rigidez monetarista, aptitudes reconocidas de manera expresa por el mejicano Agustín Cartens, quien también aspiró a esa designación y la describió como "un talento excepcional, dotado del liderazgo necesario".No por azar, al ser consagrada su candidatura por consenso, la nueva directora general del FMI prometió "mano dura". Empero, es probable que su inteligencia le haya permitido extraer conclusiones de las crisis de la década de 1990 en los llamados "tigres de Asia", en Brasil, Rusia y, sobre todo en la Argentina, para modificar un tanto su ortodoxia doctrinaria.Debería recordar que fueron las durísimas imposiciones de los monitores del Fondo, que recorrieron un mundo envuelto en convulsión e incertidumbre predicando las bondades del Consenso de Washington, las que agravaron los problemas estructurales y coyunturales, haciendo pagar a los pueblos inmersos en ellos un exorbitante costo social: crecimiento exponencial de la deuda, inflación, recesión, altísimas tasas de desempleo. Demasiada "mano dura", en suma.Si su virtual amenaza estuvo dirigida a Grecia, donde crece la resistencia a las imposiciones del Banco Central Europeo, de Alemania y otros países de la eurozona y del FMI, deberá convencerse, en definitiva, de que no es la mejor respuesta. Naturalmente, nuestras relaciones con el FMI no ingresarán en un inmediato período de bonanza, aunque la Argentina sea un deudor del Fondo que cumple con puntualidad el pago de sus amortizaciones. Es que Lagarde siempre se mostró en favor de la intervención del organismo multilateral en las negociaciones con el Club de París, de cuya exclusión los Kirchner hicieron condición imperiosa para avanzar hacia la cancelación de esa deuda. Si se quiere mostrar alguna tendencia a salir del aislamiento internacional, es probable que finalmente se logre un acuerdo para cancelar un impago que se arrastra desde 2001 y dificulta aún más los canales de acceso a las inversiones extranjeras directas.

