Sin límites
El Gobierno nacional utiliza los medios de comunicación del Estado como si pertenecieran al partido oficialista y publicita su gestión en plena campaña electoral.
La presidenta Cristina Fernández viajó a la ciudad de Santa Rosa de La Pampa para concretar un hecho menor de su gestión de gobierno. Ello no le impidió usar por vigésima sexta vez en lo que va del año la cadena nacional como propaganda de los actos de su gobierno, para destacar la composición de la fórmula oficialista a la Presidencia y para criticar a los rivales políticos. Nada de esto está previsto en las prerrogativas que la norma legal establece para el uso de la cadena nacional, pero la jefa del Estado insiste en abusar de este mecanismo sin que la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) trate el tema ni que la Justicia recepte las denuncias presentadas por quienes se sienten afectados por esta transgresión.En un estilo que ya se repitió en Río Negro y Mendoza, Cristina Fernández se dedicó a destacar las presencias y cualidades de los candidatos del Frente para la Victoria. Incluso, se difundieron imágenes y cánticos de sus partidarios cuando hostigaban a los postulantes de la oposición.Si bien no los mencionó en forma directa, criticó con dureza a otros postulantes a la Presidencia y a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que no tuvieron posibilidad alguna de usar los medios de comunicación del Estado para responder.Además del uso y abuso de la cadena nacional, un mecanismo que la propia ley alentada por el kirchnerismo sólo preveía para situaciones excepcionales, el partido de gobierno asume como propios medios que son del Estado nacional y que deberían compartir todos los partidos y sectores sociales.El propio titular de la Afsca, Martín Sabbatella, defendió este mecanismo con razones insignificantes. No sólo eso: Sabbatella es precandidato a vicegobernador por una de las listas del peronismo bonaerense, lo cual también viola la normativa del organismo que encabeza, que establece la exigencia de no ejercer cargos partidarios para desempeñarse como titular de Afsca.Por si hiciera falta algo más, una generosa pauta oficial permite la supervivencia de cientos de medios que dedican sus espacios a repetir hasta el hartazgo el mensaje presidencial y a denostar a la oposición y a personajes no afines al relato kirchnerista.El desprecio presidencial y de sus militantes por la opinión de los demás revela una concepción autoritaria que está por encima de los otros poderes de la República y de cualquier norma que la Argentina haya sancionado en busca de una convivencia plural y organizada, tras la dictadura militar.El riesgo para quienes la aplauden y defienden sin razones valederas es que ese poder en algún momento abuse también de sus derechos como ciudadanos, como lo prefiguran otros autoritarismos en el mundo.

