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Rusia y la Otan

Washington y Moscú enfrentan un enemigo común: el renacimiento musulmán, revestido como "terrorismo islámico" para cohonestar verdaderos genocidios en Irak y Chechenia.

29 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Rusia y la Otan

En Seúl, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, obtuvo resultados mediocres en los esfuerzos que realizó en la Cumbre del G-20 por restaurar la imagen de su patria como potencia económica hegemónica. Es que esa pretensión ya no tiene apoyo consistente en la realidad. De hecho, los analistas de los principales centros de análisis macroeconómicos del mundo están sumamente ocupados tratando de precisar en qué momento China sobrepasará a los Estados Unidos. La mayoría se decanta por un plazo no mayor de cinco años. Mejor le fue, por cierto, en la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), celebrada en Lisboa, cuyas deliberaciones concluyeron en un histórico acontecimiento: Rusia anunció que está dispuesta a cooperar con la alianza atlántica, ofreciendo ampliar su colaboración en la lucha que libra en Afganistán la coalición contra los talibanes. El presidente Dimitri Medvedev prometió ampliar los corredores abiertos en territorio ruso para facilitar el pasaje de los contingentes militares hacia la martirizada nación centroasiática, además de aumentar el número de helicópteros que se entregarán al gobierno de Hamid Karzai, para que pueda combatir a los integristas islámicos con algún éxito.Son decisiones sorprendentes, sobre todo si se recuerda que la Otan fue fundada el 4 de abril de 1949, cuando caían las primeras heladas de la Guerra Fría, aún estaban calientes los rescoldos de la Segunda Guerra Mundial y comenzaban a encenderse los fuegos de la Guerra de Corea, que estallaría al año siguiente. Pero el acuerdo alcanzado en Lisboa puede ser explicado por el hecho de que tanto Washington como Moscú enfrentan un enemigo común: el renacimiento musulmán, revestido como "terrorismo islámico" para cohonestar verdaderos genocidios, como los que se perpetran en Irak y Chechenia.La decisión rusa exige una contraparte; la Otan deberá cancelar sus proyectos de emplazar baterías de misiles y estaciones de radar en Kaliningrado, un enclave de la antigua Prusia situado a 1.100 kilómetros de Moscú, que Alemania perdió al ser derrotada en la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, es territorio libre y desde allí los misiles de la alianza atlántica podrían alcanzar centros vitales de Rusia.Es fácil para Medvedev y Vladimir Putin (el real poder fáctico) obtener la aprobación del Parlamento ruso. Mucho más difícil lo tiene Obama, porque el voto favorable del Congreso requiere las dos terceras partes de los votos del Senado y allí se encuentra el núcleo más duro de los republicanos, que tienen mayoría propia. Medvedev fue muy claro al advertir sobre las consecuencias del fracaso de estas iniciativas: "Si la Otan no cumpliese con lo prometido, será inevitable otra carrera al rearme, con costos espantosos que ni nosotros ni los países miembros de la alianza podrían permitirse".