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Respetar la autoridad legítima

La reciente agresión a funcionarios municipales no es el camino que quiere la mayoría, que pretende vivir en una sociedad en la que haya disensos, sí, pero sin violencia ni prepotencia.

15 de noviembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Respetar la autoridad legítima

Días atrás, un grupo de trabajadores municipales de la ciudad de Córdoba agredió de palabra y físicamente al presidente del bloque de concejales radicales y a un asesor, ambos elegidos para funciones de mayor responsabilidad política en la próxima etapa gubernamental del municipio capitalino. El hecho no es sólo un episodio grave. Revela también una cultura que se ha generalizado: el uso de la violencia para intimidar y lograr supuestas conquistas laborales. En muchos casos, estas son nuevas canonjías para la burocracia gremial y política.El Sindicato Unión Obreros y Empleados Municipales (Suoem) no fue ni es ajeno a ese tipo de prácticas, que deben ser condenadas sin ninguna excusa, como la que intentó su secretario general, Rubén Daniele, quien dijo que se trató sólo de palabras ofensivas, pronunciadas al calor de una protesta que lleva ya varios meses.El reclamo de incorporar a más de 400 monotributistas al plantel de contratados del Palacio Municipal puede significar un justo reconocimiento para quienes se desempeñan en situaciones de precarización laboral, pero son privilegios inaceptables para los que esperan concursos abiertos y públicos del empleo estatal.La violencia ha sido una constante en las protestas del Suoem, en especial durante la actual gestión municipal, incapaz de controlar a un gremio que se adueñó del Palacio 6 de Julio en perjuicio de las necesidades que tienen los vecinos.El sindicato municipal no es el único que comente actos de atropello. Empleados provinciales y de Aerolíneas Argentinas, por citar sólo ejemplos recientes, desoyen las convocatorias oficiales a conciliaciones obligatorias de los conflictos, dispuestas por autoridades constituidas.El menosprecio y la falta de acatamiento a las resoluciones de autoridades votadas por los ciudadanos son monedas corrientes en los reclamos gremiales y sectoriales, lo que nos debería obligar a pensar si queremos organizarnos como sociedad, con instituciones y autoridades legítimamente validadas por el voto popular. Lo contrario es el caos y el gobierno de la anarquía.Hay una violencia cotidiana que se manifiesta en la calle, donde cualquier incidente genera reacciones agresivas; en la escuela, donde padres atacan a docentes que cumplen con su función, y hasta de modo incipiente en fábricas y oficinas, donde capataces y jefes afrontan cualquier agresión por señalar un error o dar una directiva. Esas manifestaciones no pueden tolerarse contra ninguna autoridad y menos por las ungidas por la democracia.La falta de respeto y la agresión conducen a un camino que la Argentina ya transitó hace décadas y cuyas consecuencias pretende dejar atrás para siempre. La mayoría, vale recordarlo, quiere vivir en una sociedad en la que haya disensos y reclamos, pero sin violencia ni prepotencia.