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Por una red social que contenga

Es fundamental que el Estado y la sociedad reaccionen ante los casos de autoagresión adolescente, que se multiplican, y para lograrlo, dos requerimientos básicos son la atención y la contención.

27 de marzo de 2016 a las 01:06 a. m.
Por una red social que contenga

Una reunión científica realizada en Córdoba deja un dato altamente preocupante: en los últimos años, creció el suicidio adolescente y disminuyó la edad promedio de los menores con conductas autoagresivas, como cortes en piernas y brazos. Soledad, vínculos pobres con adultos del entorno familiar y falta de expectativas son los tres factores más señalados por los especialistas para explicar su expansión en nuestro medio.Hasta no hace mucho, las conductas de riesgo suicida se observaban a partir de los 15-16 años. Hoy se advierten a los 13-14 años. El suicidio ya es la segunda causa de muerte para este grupo etario, después de los accidentes.El aumento de los casos preocupa a un número importante de escuelas y familias. Los especialistas, con relativa prudencia, se preguntan si hay un verdadero aumento del número de casos; si el crecimiento no se debe a los tipos de registros que se utilizan en la actualidad, o si las nuevas cifras no se deben a que cambió la conducta de los que conviven con estos jóvenes, quienes ahora no serían tan reticentes como antes a hablar del tema.En cualquier caso, debe subrayarse cuán urgente resulta que el Estado –desde sus máximas autoridades a sus agentes educativos y sanitarios– y la sociedad –instituciones religiosas, deportivas, profesionales del ámbito de la salud y culturales, entre otras– diseñen en conjunto una serie de estrategias de contención con las cuales ir hacia los jóvenes en riesgo para brindarles una red de contención y asistencia.Remarquemos el sentido de la acción que propiciamos: hay que ir hacia ellos, no esperar a que ellos vengan a pedir ayuda.La conducta autoagresiva es un síntoma. Se observa en todos los niveles sociales. La soledad, la falta de comunicación con el o los adultos del grupo familiar, las adicciones, los trastornos alimentarios, son algunas de las huellas a las que hay que saber prestar atención.El proceso de prevención y contención demanda un sujeto adulto; si no especialista, entrenado en su capacidad de escucha y comprensión, que pueda anudar con el adolescente en crisis un vínculo de amplio sostén y de máxima confianza. Obviamente, en algunos casos el trabajo del especialista es imprescindible. Lo que tratamos de decir es que aquellos que no lo son, si desean participar de esta red, pueden encontrar su lugar.También es necesario un espacio concreto donde esa labor se desarrolle y legitime. La escuela formal, la escuelita deportiva de un club, un taller cultural, un grupo de referencia que funcione como tal en una parroquia o templo. Se necesitan varios canales de comunicación desde los que se irradie el mismo mensaje a los jóvenes que se sienten a la deriva y sin futuro.