Pensar el futuro
El envejecimiento de la población y el avance de la tecnología son variables que afectarán, en las próximas décadas, a todas las naciones. Como Argentina no es la excepción, vale preguntarse si las actuales autoridades están trabajando para prever los obstáculos que deberemos sortear en un futuro.
El envejecimiento de la población y el avance de la tecnología son variables que afectarán, en las próximas décadas, a todas las naciones. Como Argentina no es la excepción, vale preguntarse si las actuales autoridades están trabajando para prever los obstáculos que deberemos sortear en un futuro. Hace unos días, en una columna de opinión publicada en El Cronista Comercial , Alfonso Ensinck, un exministro santafesino, se aproximaba al tema. Tras definir un esquema básico sobre cómo nos afectarán esas variables, llamaba a reflexionar sobre el punto. "Necesitamos elaborar respuestas inteligentes", reclamó.Que la población argentina envejece es un dato innegable: cada año, nacen menos niños y aumenta la población de adultos mayores de 65 años. Sin ir más lejos, en Córdoba, en 1960, la edad promedio era de 28,4 años; en 2010, había subido a 33,4. Córdoba y Santa Fe integran el lote de las provincias con mayor envejecimiento.En el futuro, la situación se agravará: se calcula que hacia 2025 la fecundidad habrá disminuido hasta quedar por debajo del nivel de reemplazo generacional.Eso solo, naturalmente, impacta sobre la economía y el mercado del trabajo. Por un lado, ¿seguirá la gente jubilándose tan "joven"? Si la esperanza de vida se ubica por encima de los 80 años y nacen menos individuos que antes, ¿se puede dejar de trabajar a los 60 o 65 años, según el sexo?Como señala Ensinck en su artículo, si ciertos datos muestran que "el principal crecimiento demográfico se dará en poblaciones con menor desarrollo económico y social", ¿qué opciones laborales encontrará esa gran masa de adolescentes que hoy no logra concluir sus estudios secundarios?Ello nos lleva a otro aspecto clave de la cuestión: ¿cómo se diseña un sistema educativo capaz de preparar a la generación que enfrentará esa nueva transformación de la estructura social y, al mismo tiempo, cómo se prevé desde ya su progresivo achicamiento, dado que sabemos que en el futuro habrá menos alumnos?Ante esa nueva realidad poblacional, ¿qué adecuaciones se están planificando para los sistemas de salud, los servicios sociales, la infraestructura urbana, el cuidado de ancianos con una red familiar empequeñecida?Alguien puede estar pensando que tenemos demasiados problemas presentes que solucionar, algunos demasiado urgentes, como para destinar parte de nuestro tiempo y de nuestros recursos al análisis de cómo será el país dentro de 10 o 20 años.Justamente, si no imaginamos lo por venir antes de que ocurra, ¿cuándo lo haremos? La solución de muchas cuestiones presentes no será tal si no incluyen previsiones para un futuro tan cercano. Argentina debe pensar el mediano y el largo plazo.

