Paridad de género en el Congreso
En el contexto de la reforma política que impulsa el Gobierno nacional y que cuenta con el apoyo de un amplio sector de la oposición, legisladoras de distintas orientaciones coincidieron en reclamar la paridad de género en el Parlamento.
En el contexto de la reforma política que impulsa el Gobierno nacional y que cuenta con el apoyo de un amplio sector de la oposición, legisladoras de distintas orientaciones coincidieron en reclamar la paridad de género en el Parlamento. Lo que piden específicamente es que el actual cupo femenino del 30 por ciento en las candidaturas legislativas se transforme en un 50 por ciento, de modo que al menos la Cámara de Diputados de la Nación esté integrada en partes iguales por varones y mujeres.El caso del Senado es particular. Si bien cada distrito del país tiene tres representantes, cada partido o coalición propone dos candidatos: un varón y una mujer. Pero al resultar elegidos dos por la primera minoría y uno por la segunda, y al ser por lo general las boletas encabezadas por varones, el reparto no es equitativo en términos de género. Por lo tanto, el Senado es el mejor ejemplo para argumentar a favor de la propuesta lanzada por las diputadas: para alcanzar el objetivo de la paridad en la toma de decisiones, habrá que establecerla por ley, pues los varones tienden a ocupar todos los espacios posibles, relegando a las mujeres a un segundo plano.Sería ideal que la paridad se diera de forma espontánea en cada espacio político a la hora de elegir a sus candidatos y que, en consecuencia, le propusieran a la sociedad las mujeres y los varones más capacitados y representativos de su sector, en cantidades iguales. Hasta podríamos imaginar que en ese escenario ideal hay uno o más partidos que tienen más mujeres que varones entre sus candidatos.Pero la realidad es muy distinta a esa imagen. Para nuestra práctica política, ese ideal es toda una utopía. El varón sigue mandando. En la política, en la empresa, en los sindicatos y en asociaciones profesionales, en el mercado laboral. Por eso, es necesario convertir esta iniciativa en ley y acompañarla con todas aquellas que reafirmen la igualdad.Lo hemos dicho en otras ocasiones y vale reiterarlo aquí: ninguna ley soluciona de manera mágica e inmediata el problema que la origina. Para alcanzar ese objetivo, hace falta un cambio cultural, que lleva tiempo y necesita de programas de divulgación y formación cívica.Pero a lo largo de todo ese proceso, la ley obra como una brújula: marca el camino, les explica a todos los sectores de la sociedad cuál es el rumbo en el que nos movemos, cómo es el futuro que anhelamos. Y, aunque parezca increíble, en la Argentina de nuestros días necesitamos de leyes que nos ayuden a sostener y reafirmar lo que hemos proclamado a lo largo de las últimas décadas: la igualdad y la libertad de las mujeres.

