Palabras innecesarias
Mencionar el tema de la re-reelección de Cristina Fernández, como lo hizo Carlos Kunkel, luego desmentido por la propia Presidenta, es un agravio al padecimiento que hoy viven los argentinos.
Las expresiones del diputado nacional oficialista Carlos Kunkel anticipando una candidatura de la presidenta Cristina Fernández en 2015 y la pronta desmentida por parte de la misma interesada poco hicieron por llevar algo de calma a los atribulados argentinos, que viven el peor fin de año de la década. Por el contrario, acentuaron la sensación generalizada de un clima de naufragio, en el que nadie sabe dónde queda la costa más cercana. Es fácil percibir que el discurso de Kunkel está dirigido, ante todo, a la propia tropa, que hoy cavila y duda e intenta mantener armado lo que en toda retirada, fatalmente, se disgrega. En silencio, los que saben que se juegan los minutos de descuento de un partido ya perdido tratan de salvar la ropa y otras cosas, para que eventuales nuevos tiempos no los encuentren a la intemperie y escasos de indumentaria.Y no es por pudor, virtud esta un tanto escasa. Porque en estos tiempos amargos para muchos connacionales, hablar de lo que menos nos preocupa, soslayando lo que nos angustia, es cuanto menos impúdico. Y ofensivo.Allí radica lo inoportuno de un mensaje que se esfuerza por ignorar nuestros males, para seguir insistiendo en las bondades de un paraíso inexistente. Mencionar lo que al poder le desvela conlleva el desprecio por lo que a muchos les quita el sueño y es más urgente.Son tiempos de crispación en un país que parece haber inventado la excepción como regla: venimos de contemplar cómo los vecinos se lanzan sobre los negocios de su mismo barrio en una suerte de vale todo al que aportan no pocos hombres de uniforme que negocian con sus armas sobre la mesa.El país se debate en una crisis energética, mientras servicios elementales como transporte o salud son retaceados a voluntad por quienes deben prestarlos, y ya nadie se siente seguro, ni en la calle ni en su hogar.Cada uno de los datos del escueto inventario anterior debió merecer una consideración de las autoridades respectivas, un compromiso, una búsqueda de soluciones. Ello no ha sucedido y todo lo que se escucha es un silencio atronador.Bien se sabe que lo que no se nombra no existe, aunque las cosas no desaparezcan con sólo ignorarlas. Prudentes, algunos funcionarios callan, quizá convencidos de que las palabras no habrán de valer más que su silencio. Y otros vacacionan, mientras alrededor las cosas crujen y se resquebrajan. Y están los de una tercera clase: los que atienden a su propio juego, como Kunkel, que optan por mostrar sin disimulo su profundo desprecio por los ciudadanos y mencionan posibles candidaturas que a nadie le interesan.De funcionarios y legisladores, lamentablemente, los argentinos no esperamos demasiado. Pero sí, al menos, que no nos agravien sin recato en medio de nuestros padeceres.

